martes, 9 de febrero de 2016

René Peña: talkin’ 'bout a revolution

En 1991 René Peña debutó en la escena de la fotografía cubana con una muestra individual en la Fototeca de Cuba, titulada Crónicas de la ciudad. La exposición, organizada por Eduardo Muñoz Ordoqui, quien entonces fungía como curador de la Fototeca, combinaba en realidad dos proyectos individuales: el de René Peña y el de Manuel Piña, quien también exponía su obra por primera vez. 
Tanto Manuel Piña como René Peña tenían una relación tensa con el espacio urbano. El primero codificaba fotográficamente esa tensión mediante el distanciamiento psicológico con los temas y la incomodidad física del punto de vista. En sus fotografías de la Avenida 51 y otras tomadas en el centro de la ciudad, reproducía, además de posibles itinerarios (divagando a la vez que vagando), una manera de fotografiar aprovechando ángulos inusuales, seleccionando momentos que no eran decisivos, situaciones que no eran interesantes y sujetos que no eran heroicos ni pintorescos.
René Peña. Sin título. De la serie Hacia adentro, 1990

Por su parte René Peña ya estaba desplazando el foco desde el espacio público hacia el interior doméstico, reubicando el concepto de “espacio social” de acuerdo a un imaginario que en aquel momento continuaba siendo periférico dentro de la retórica documentalista. En ese contexto Hacia adentro (1989-1992) es la serie que resume de manera más completa la primera etapa de la obra de René Peña y sus aportes a una nueva sensibilidad en la fotografía documental cubana, en el umbral del “período especial”. 
Esa serie se concentra en el espacio doméstico, los gestos cotidianos, el círculo familiar, aparentemente desconectado de la historia y que devenía, a principios de la década de 1990, una metáfora del desgaste de la relación colectiva con la historia. La motivación principal de las fotografías era el propio acto fotográfico y la situación estética que generaba. El valor que buscaba producir René Peña era, ante todo, formal. Y, sin embargo, ese giro estético ya llevaba un impulso autorreferencial que recolocaría las claves de identidad y alteridad en el centro de sus siguientes proyectos artísticos.
René Peña. Sin título. De la serie Hacia adentro, 1989


René Peña introduce como programa estético algo que los fotógrafos cubanos habían tanteado solamente de manera aislada y colateral: la belleza de la piel negra, su potencia simbólica y formal. No se trataba de una reivindicación sentimentalista del sujeto negro como bello, sino de producir la fotografía como situación estética, haciendo uso de los materiales con los que el fotógrafo estaba más familiarizado. Y uno de esos materiales era la piel.Trabajando con luz natural y en espacios angostos, René Peña parece estar siempre muy cerca de las personas fotografiadas. La serie tiene un tono introvertido e intimista que justifica el título “hacia adentro”, aunque sólo se podía lograr de esa manera trabajando desde dentro. Peña fotografía a los negros sin condescendencia, pero también sin ese humor, a veces irritante, con que algunos fotógrafos documentalistas miraron hacia la cultura popular y las minorías en Cuba. En su proyecto no hay perspectiva etnográfica ni pintoresca, mucho menos la intención de representar a los negros como sujetos “integrados” al paisaje revolucionario. De hecho, si hay algo que desaparece en sus fotografías es el “paisaje revolucionario”.

René Peña. Sin título. De la serie Hacia adentro, 1991


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