sábado, 3 de enero de 2015

Tania Bruguera: El arte de la postguerra

Preámbulo (¿Y el enemigo?)

Evidentemente el enemigo no era el gobierno de Estados Unidos. El enemigo estaba y sigue estando dentro de Cuba. Todo aquel que cuestione al gobierno de Raúl (antes Fidel) Castro, se convierte en el enemigo. Quien no esté de acuerdo con su ineficiencia, con su autoritarismo, con su demagogia y su corrupción, no tiene derecho a expresarlo. Hay que encarnar el miedo, el silencio o la mentira, so pena de pasar a formar parte de las filas del “enemigo”.
El enemigo no es ese ejército invasor, esperado durante tantos años y que ya amenaza con no presentarse. El enemigo es todo aquel que, en Cuba, trate de contestar al discurso del poder, buscando una pizca de razón o de verdad. Si usted no cree en el discurso oficial, y lo expresa libremente, se convierte en el enemigo. Pero, curiosamente, si usted es de los que sí creen en el discurso oficial y decide actuar en consecuencia y esperar coherencia del gobernante, también se convierte en el enemigo. Sólo se salva de eso quien finge, quien simula y quien miente: “no creo, pero digo que sí creo, pero no soy tan tonto como para actuar en coherencia con lo que digo.” 
Raúl Castro puede desgañitarse diciendo que vamos a convivir con nuestras diferencias, pero eso es sólo una bandera blanca para los políticos del país vecino. Dentro de Cuba eso no convence, porque dentro de Cuba todos saben que la diferencia es el enemigo.

Arte de la postguerra

Tania Bruguera. Memoria de la postguerra III, 2003
He vuelto a leer un breve artículo que escribí hace casi 20 años, sobre la obra de Tania Bruguera, y creo que mucho de lo que digo ahí debería ser corregido. Sin embargo, hay un fragmento, en donde hablo de su periódico Memoria de la postguerra, en el que digo que esa no fue una obra frustrada, sino una obra que incluía la frustración entre sus funciones. Memoria de la postguerra fue probablemente la primera acción explícitamente política de Tania Bruguera, en tanto se apropiaba de uno de los recursos más caros para el ejercicio del poder por parte del Estado cubano: la prensa. Cierto que era una apropiación simbólica porque Tania no intervenía en ninguno de los periódicos oficiales (y todos los periódicos en Cuba son oficiales), sino creaba uno propio, aparentemente dirigido a funcionar dentro del ámbito de la institución-arte, pero que constituía un reto al control del Estado sobre el discurso y sobre el espacio público. 
Memoria de la postguerra solamente tuvo dos números impresos, en la primera mitad de la década de 1990, e inmediatamente fue censurado. Según se explica en la página web de la artista “el Consejo de las Artes Plásticas llamó a no crear un segundo número. Al circular éste fue censurado, se recogió una parte de los impresos para evitar su distribución y se amenazó con una pena  de hasta 15 años de privación de libertad.” La tercera edición del periódico se realizó en la década siguiente.
La posibilidad de la censura siempre estuvo prevista. Por eso decía que la frustración del proyecto era parte de su funcionalidad. El arte político, tal como lo hace Tania Bruguera, puede dejar a algunos con la sensación de que se están realizando acciones que no conducen a ningún resultado concreto. Pero sería ingenuo esperar que el Papa respondiera a la solicitud para conceder la ciudadanía del Vaticano a todos los inmigrantes ilegales (proyecto El efecto Francisco, 2014) como sería perverso esperar que Tania se volara los sesos mientras jugaba a la ruleta rusa frente al público de la Bienal de Venecia (en Autosabotaje, 2009).
El arte político ni siquiera conduce necesariamente a una “obra”. De hecho el arte político sólo puede ser aceptado como tal si trae el germen de su propia negación como “arte”. Por otra parte, el arte político -tal como lo asume Tania Bruguera- me parece más eficaz en la medida en que muestra -estéticamente, digamos- los límites de la política cuando no es ejercida desde o a través del poder.
Público esperando por Tania Bruguera en la plaza para la realización
del performance El Susurro de Tatlin # 6 (versión para La Habana),
el 30 de diciembre de 2014.
Creo que el proyecto más reciente de Tania Bruguera, que la llevó a ser detenida por la policía cubana tres veces en tres días, es un buen ejemplo de ese emplazamiento de lo artístico en los límites de su propia (im)posibilidad. También en este caso me atrevo a insistir en que no se trata de un acto frustrado. Al intervenir para cancelar el performance, el Estado cubano pasó a formar parte del mismo. Al negarle el micrófono al público y cedérselo a Rubén del Valle (Presidente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas y responsable inmediato de la censura del proyecto) las autoridades cubanas cumplieron con su parte en esta nueva escenificación, de una manera bastante predecible. También era previsible la apatía (o la parálisis) de los diferentes actores del campo artístico en Cuba ante la propuesta de Tania Bruguera. Eso es lo que le ha dado sentido desde el principio al término “susurro” en el título del proyecto. El susurro (el “rumor”, decía yo desde finales de la década de 1990) es la imagen que mejor refleja el acomodamiento del arte cubano en los márgenes del discurso. El silencio forma parte de esta escenografía en la que se ha puesto en crisis una vez más, tanto el concepto de obra artística como el concepto de público. La obra censurada representa el miedo de los censores. El susurro, como versión sofisticada del silencio, representa el miedo de la sociedad.
Desarrollo del performance El Susurro de Tatlin # 6 (versión para La Habana). Centro Wifredo Lam, 2009

Quiero creer que lo que acaba de pasar en torno al proyecto de Tania Bruguera puede contribuir a una desintoxicación paulatina de las relaciones entre los artistas y el Estado en Cuba. De momento me parece muy significativo que todo esto haya ocurrido a pocos meses de que se inaugure la 12a Bienal de La Habana, un evento que pretende privilegiar en esta edición a propuestas artísticas que tengan que ver con la ciudad, las comunidades, sus “micro-políticas y micro-espacios de socialización”. Pueden imaginarse los malabares que hay que hacer para organizar una Bienal con esos presupuestos sin irritar a nadie en alguna oficina del Ministerio de Cultura o de la Seguridad del Estado. ¿Como ampliar las “disímiles  miradas sobre el papel y las funciones  de la curaduría en los escenarios actuales” cuando el proceso curatorial estará transido por el temor y cuando la única manera que se conoce de enfrentar la censura es la autocensura? 
El arte de Tania Bruguera constituye un gran reto para la censura porque no hay una obra que esconder. Lo que se abre ante el poder es un espacio simbólico en el que toda intervención es una forma de participación. Lo que convierte a la obra de Tania Bruguera en algo muy incómodo para el Estado cubano es precisamente su capacidad de incidencia en lo simbólico mediante operaciones que, por añadidura, se apropian de una serie de íconos que en principio parecían intocables. El micrófono y el podio, por ejemplo, que durante décadas parecieron como extensiones (y como representaciones) del cuerpo de Fidel Castro y mediante los cuales construyó su imagen de dueño del verbo, son expuestos en El Susurro de Tatlin # 6 como objetos profanos y democráticos. En la versión realizada en el Centro Wifredo Lam, en 2009, el trabajo sobre el ícono era mucho más elaborado, pues incluía los uniformes verde olivo y las palomas, rearmando no ya la escenografía, sino la teatralidad misma (¿la liturgia?), mediante la que se ha mantenido la relación entre el Estado y la sociedad, desde enero de 1959 hasta la fecha. Tania explicó entonces que las palomas utilizadas en su performance estaban entrenadas. Todavía en un artículo publicado por Jorge Oller, el 30 de diciembre de 2008, se insistía en que las palomas que aparecen junto a Fidel Castro durante su discurso en el campamento militar Columbia habían llegado por azar, aunque el periodista no deja de infiltrar, entre líneas, una lectura casi religiosa del hecho:
Discurso de Fidel Castro en el Campamento de Columbia
el 8 de enero de 1959
"Tres palomas de una casa cercana despertaron por la algarabía  y los aplausos del pueblo. Atraídas por la luz de los reflectores que iluminaban fuertemente a Fidel (Castro) comenzaron a revolotear  alrededor de él. Una de ellas se posó en su hombro izquierdo mientras que las otras dos caminaban por el borde del podio. Los flashes de las cámaras se sucedían uno tras otro y los aparatos de cine funcionaban sin parar para captar aquella increíble escena. Para los creyentes era una bendición de Dios, un milagro. Para otros simbolizaba la paz.  Pero la mayoría sabía que era un capricho de la naturaleza y presagiaba el destino de la Revolución y de Fidel (Castro): construir una sociedad culta, saludable, justa, libre y soberana digna de aquella merecida demostración de confianza y cariño que le había dado el pueblo."
Desde entonces la imagen de Fidel Castro se ha incrustado en el cuerpo y la memoria social como una forma de apropiación de lo simbólico. Con su mezcla de religiosidad, sentimentalismo y violencia, de melancolía, kitsch y melodramatismo, el poder en Cuba se sostiene, se justifica y se inscribe en lo simbólico, aprovechando la zona más débil de una sociedad acomplejada y supersticiosa.
Es casi risible la manera en que Oller pasa de hablar de un "capricho de la naturaleza" a hablar de un "presagio", pero en esos procedimientos perversos se ha basado durante 46 años la consagración del cuerpo del dictador, tanto mediante su imagen como mediante su palabra. Que varias decenas de personas expresen sus inquietudes en la plaza pública no constituye ningún peligro para las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos. Lo que el gobierno cubano no puede permitir es que se desvanezca el monopolio de lo simbólico. Si las palomas siguen posándose en el hombro de cualquier hijo de vecino, ¿cómo podremos entonces reconocer al Mesías?



1 comentario:

Tomás dijo...

Buenos días a todos y muchas gracias por compartir tanto sobre arte. Para los que estamos dando los primeros pasos, este tipo de recursos nos ayuda mucho a aprender y mejorar. Les comento que hace un tiempo hice un curso y empecé a producir mis propios diseños. Estaría bárbaro que nos recomienden también otros sitios en donde salir a vender el diseño que producimos. Gracias y saludos desde Temperley, Buenos Aires!