lunes, 8 de septiembre de 2014

Mujeres muertas y poetas malditos. Crítica de la obra de Gerardo Montiel con efectos colaterales (II)

Segundo apunte: mar, mara, marcela, margarita, maría, mariana, marili, marina, martha...



En el siglo XIX, a mediados o a finales del siglo XIX, dijo el tipo canoso, la sociedad acostumbraba a colar la muerte por el filtro de las palabras. Si uno lee las crónicas de esa época se diría que casi no había hechos delictivos o que un asesinato era capaz de conmocionar a todo un país. No queríamos tener a la muerte en casa, en nuestros sueños y fantasías, sin embargo es un hecho que se cometían crímenes terribles, descuartizamientos, violaciones de todo tipo, e incluso asesinatos en serie...Todo pasaba por el filtro de las palabras, convenientemente adecuado a nuestro miedo. ¿Qué hace un niño cuando tiene miedo? Cierra los ojos. ¿Qué hace un niño al que van a violar y luego a matar? Cierra los ojos. Y también grita, pero primero cierra los ojos. Las palabras servían para ese fin.
Roberto Bolaño. 2666


La mujer asesinada no es simplemente un tema en la obra de Gerardo Montiel. En la serie Cicuta él trabaja con la meticulosidad fetichista de un asesino en serie. Más que de un estilo debería hablarse de un modus operandi. Todas las mujeres han sido envenenadas. Todos los nombres comienzan con la sílaba “Mar”. En todos los casos aparece una nota escrita. Cada fotografía tiene que ser descifrada con un procedimiento detectivesco, hasta encontrar las claves de toda la serie. Es imposible leer las notas, así que en principio hay que lidiar con la duda de si se trata de suicidio o asesinato. Pero sabemos que es menos plausible un suicidio en serie. Por otra parte, queda el misterio de los nombres. ¿Qué significan para el autor?¿Por qué la sílaba “Mar”?¿Cuál es la simbología oculta en cada escena?¿Cuáles son las pistas -ese morboso deseo de ser descubierto- que nos está poniendo ante los ojos?¿Quién será la próxima víctima?
Esta es una serie que debe ser descifrada, con cierto toque lúdico, pero ofrece pistas que hacen disfrutar de la inteligencia propia, complaciendo al espectador entrenado. La estructura es clara y es bastante lineal. Hay una especie de “nitidez” que no tiene que ver con el foco, sino con la definición del ícono. El color ayuda. Es intenso. La iluminación es dramática. Cada fotografía es literalmente una escena, con todo lo que tiene de teatral ese término. Hay una disposición del espacio y una disposición del cuerpo. La serie es sumamente erótica. Y en ese erotismo yo intuyo un guiño malicioso e irónico. 
Gerardo Montiel no admite que pueda haber ironía en su obra, y lo entiendo. Compromete demasiada memoria. Expone y esconde demasiado de sí mismo. En su trabajo es más fácil detectar el dolor que el humor. Y además, hay que reconocerlo, no es precisamente un tipo chistoso. En su obra la realidad no es algo distante, sobre lo que se puede hacer bromas, sino algo lacerante y visceral, que lo atraviesa y que llega a nosotros con residuos turbios. Y sin embargo, ese juego con el espectador, esa manipulación de la mirada y el deseo, esa yuxtaposición de códigos (el uso perverso del lenguaje visual de la publicidad, infiltrado con referencias a la novela policiaca), todo eso es irónico. 
La ironía pertenece al campo de lo implícito, de lo que debe ser descifrado. La ironía pertenece al campo de lo no dicho. La ironía pertenece al discurso. Cuando hablo de ironías en la obra de Montiel, no insinúo que hay humor, ni siquiera que se está diciendo una cosa por otra, sino más bien que hay algo que no se está diciendo. La ironía, para ser explícita, requiere de un momento de complicidad con alguien. Montiel, como un asesino solitario, no acepta cómplices.

Gerardo Montiel. María. De la serie Cicuta
Quiero intentar una breve cronología. La serie Cicuta fue realizada entre 2000 y 2001. La última novela de Bolaño, 2666, gran parte de la cual se desarrolla en la ciudad ficticia de Santa Teresa, y que ha sido identificada como Ciudad Juárez, fue publicada en 2004. Entre 2002 y 2004 la artista Lorena Wolffer presentó en diversas sedes, comenzando por el Museo Universitario de El Chopo, el performance Mientras dormíamos (El caso Juárez). En 2007 la fotógrafa Mayra Martell hizo la serie Retrato utópico de la identidad, realizada “a partir de los objetos y espacios que pertenecieron a las mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez.” Así comienza la declaración que hace sobre ese proyecto: 
En julio del 2003, la prensa internacional se escandalizó al escuchar las declaraciones del entonces presidente de Derechos Humanos, José Luis Soberanes, quien estableció la cifra aproximada de 1000 mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez, sin poder proporcionar un dato exacto. Hasta la fecha la cifra sigue abierta y ninguna organización ni poder gubernamental sabe exactamente cuántas mujeres están desaparecidas.
Hay algo que me impide ver como un simple tema las mujeres muertas en la serie Cicuta, aunque Gerardo Montiel no haya pretendido aludir a los asesinatos de Ciudad Juárez. Hay algo que concierne a la contemporaneidad de la obra de Montiel y que no está completo sin esos datos que acabo de citar. Digamos que una lectura contemporánea de esa obra no puede omitir dichos datos.

Gerardo Montiel. Martha. De la serie Cicuta

Lorena Wolffer. Mientras dormíamos (El caso Juárez). Detalle de performance
Una lectura contemporánea de esa obra no puede pasar por alto otros eventos históricos de la misma época. Sin embargo, eso no compromete a la obra, por sí misma con esos eventos. Más allá de la ficción que se relata en Cicuta, lo que simboliza es el culto al cuerpo femenino, llevado a una experiencia extrema de posesión, pérdida y aniquilamiento, por medio de uno de los instrumentos más eficaces para eso: la fotografía. Pero en esa serie la fotografía se representa a sí misma también como instrumento de una masculinidad acechante y sombría, omitida, pero no por ello menos ominosa. Eso la coloca en un punto de tensión respecto a obras como las de Wolffer y Martell.
En Cicuta las mujeres tienen nombres, pero no tienen identidad. Los nombres sirven más bien para reconstruir la identidad del "asesino". En el performance de Lorena Wolffer, y especialmente en la serie fotográfica de Mayra Martell, el nombrar es una manera de inscribir las identidades de las víctimas en los espacios vacíos que va dejando el discurso oficial. Es, en consecuencia, una manera de revocar el silencio (ese "filtro de las palabras" que menciona el personaje de la novela de Bolaño).
Las fotografías de Gerardo Montiel son seductoras (diría que excepcionalmente), las de Mayra Martell son menos espectaculares, aunque la mayoría también se disponen como escenas, pero son sobrias y tristes. En el performance de Wolffer el cuerpo desnudo, la gestualidad y la música de fondo forman una especie de contratexto que de pronto parece provocar a la mirada masculina, cuando en realidad la impugna. Frente a las fotografías de Cicuta el espectador masculino puede asumirse como testigo o detective, pero en verdad es el principal sospechoso.

Mayra Martell. Cinthia Jacobeth Castañeda Alvarado. 13 años. Desapareció el 24 de octubre de 2008


















Notas para reconstruir este artículo:

1-El hecho de que, según estadísticas, entre 80% y 90% de los asesinos seriales 
siempre fotografían o videograban a sus víctimas antes, durante o después de 
asesinarlas, y esto es en sí mismo, una puesta en escena para la cámara con 
tintes fetichistas. De ahí que en 2001 la serie Cicuta representara una suerte de 
juego relacionado con la fotografía publicitaria, la nota roja, y la pulsión primaria de 
la mente asesina. Aquí el espectador tenía el papel de detective, pues a través de 
las imágenes reconocía las evidencias que le permitirían determinar la causa de 
muerte de las retratadas. 
Gerardo Montiel: https://centrodelaimagen.files.wordpress.com/2010/11/aqui2.pdf
2-Sin embargo, a mí me surgieron varias dudas, entre ellas, ¿en qué momento las mujeres se pueden volver ficticias?
Mayra Martell: http://www.mayramartell.com/ensayo.php
3-Caso 10: 1993, junio 11. Desconocida. Se desconoce la edad. Semidesnuda. Camiseta blanca. Tenis negros. Violada y estacada. Acuchillada y con fractura en el cráneo. Se encontró en el traspatio de la preparatoria Altavista, sobre camino de terracería, al borde del río Bravo.
Voz del narrador en el performance Mientras dormíamos (el caso Juárez) de Lorena Wolffer.
4-Dos días después de aparecer el cuerpo de la primera víctima de agosto fue encontrado el cuerpo de Emilia Escalante Sanjuán, de treintaitrés años, con profusión de hematomas en el tórax y el cuello. El cadáver se halló en el cruce entre Michoacán y General Saavedra, en la colonia Trabajadores. El informe del forense dictamina que la causa de la muerte es estrangulamiento, después de haber sido violada innumerables veces.
Voz del narrador en la novela 2666, de Roberto Bolaño.
5-Video del performance Mientras dormíamos (el caso Juárez) de Lorena Wolffer: http://www.lorenawolffer.net/videos/video_md.html

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