miércoles, 18 de junio de 2014

X-Clue Eternity. Retórica del cuerpo y retórica del tiempo


Verónica Wiese. X-Clue Eternity. Video instalación

¿Quién le teme a la promiscuidad, a la pobreza y a las revoluciones?¿Quién ha convertido en un espectro omnipresente el miedo a la vejez, la fealdad y la gordura?¿Quién ha puesto en el mismo plano el terror a la obesidad, al contagio, al embarazo y al amor?
En sus tesis sobre la desaparición del cuerpo en las condiciones de la hipermodernidad, Arthur y Marilouise Kroker argumentan que en la sociedad tecnológica el cuerpo ha alcanzado una existencia puramente retórica, conformada por los discursos de la política, la economía, la ciencia, el psicoanálisis o el deporte, o por los simulacros que esos discursos generan. Estos autores hablan de una doble muerte del cuerpo: en el sentido natural y en el sentido del discurso. Y enfatizan la consecuencia de abandonar al cuerpo en medio de un escenario de pánico. Para entender ese escenario de pánico ya no hay que acudir a ninguna bibliografía. La sociedad actual se organiza alrededor de fobias ancestrales, que ahora son reactualizadas y diseminadas por los medios de persuasión colectiva: el miedo a la vulnerabilidad en el espacio público, el miedo a la pérdida del espacio íntimo y de la propiedad privada, el miedo al contacto y al contagio, el miedo a la soledad, a la enfermedad y la muerte.
Todas esas retóricas parecen haber sido absorbidas por la retórica del arte contemporáneo, en lo que se refiere a la representación del cuerpo, tanto como a la representación de la ciencia, la política, la economía y la tecnología. Todos estos aspectos aparecen como abstracciones, cuando no como ficciones. De pronto el "cuerpo en pánico" parece el resultado de las fantasías de clases medias y altas. No debería haber nada nuevo en eso, excepto justamente el aspecto retórico: todos estos miedos se transmiten con un discurso aparentemente afirmativo. 
El término “eternidad” llega a la obra de Verónica Wiese revestido de connotaciones positivas -aun cuando enigmáticas y sobrecogedoras- reforzadas por el imaginario religioso y el discurso filosófico. Es en el contexto de la obra misma y en el entrecruzamiento entre ficción e ironía donde el término comienza a hacerse más débil y su unidad se hace más vulnerable.

Verónica Wiese. X-Clue Eternity. Detalle

En su conferencia sobre El tiempo, Jorge Luis Borges habla de la eternidad como algo en lo que se daría la totalidad del ser; algo, en consecuencia, inaccesible, cuya sola intuición es abrumadora. En esa idea de eternidad se darían todos los momentos de una vida simultáneamente, y todos los momentos de todas las vidas, más allá del tiempo. Y ahí Borges cita una hermosa frase de William Blake: “El tiempo es la dádiva de la eternidad”. Su reflexión a partir de esa frase nos ayuda a entender la configuración del tiempo como construcción humana; en consecuencia, como construcción imaginaria. Pero también nos recuerda que el tiempo es, ante todo, organización, estructura, sucesión en la que nuestra experiencia de realidad se va dando parcialmente, de manera más o menos encabalgada, pero siempre sometida a un cierto control.
Tal vez lo que angustia del tiempo es precisamente su estructura porque sólo podemos experimentarlo desde una conciencia de su límites, que en realidad no es más que una proyección de nuestra propia finitud. No es el tiempo el que termina, somos nosotros. Y saberlo es lo que nos lleva a tener una vivencia dramática de la temporalidad.
Por un lado está la percepción de que cada instante es efímero y es irrepetible, lo que nos lleva a vivir el pasado como pérdida. Y por otra parte, constatamos el paso del tiempo en nuestro propio cuerpo. La vejez y la enfermedad se vuelven signos de la pérdida y del desgaste y colocan al cuerpo en una encrucijada entre un pasado irrecuperable y un final ineludible. La enfermedad y la vejez son signos de la muerte, pero ante todo son signos de un estado de improductividad creciente. El cuerpo se ve desplazado a los márgenes de la economía: no puede trabajar, no puede reproducirse, no puede gastar.
Dentro de esa “economía general”, de la que habla Bataille en La parte maldita, encontramos la sugerencia de la muerte como lujo: “De todos los lujos concebibles, la muerte, bajo su forma fatal e inexorable, es ciertamente, el más costoso.” Además de su misterio, la muerte nos confronta con una suerte de inutilidad, de sinsentido. Y sin embargo, propone Bataille, en ello está “…la verdad profunda del movimiento del cual la vida es la exposición.”
La fantasía de extender el tiempo de vida está basada en una paradoja, porque nadie conoce su tiempo de vida. En realidad, no hay un tiempo asignado de manera previa. No hay un tiempo anterior a la vivencia del tiempo. El tiempo de vida se va formando en la vida misma, como parte de ese  movimiento del que habla Bataille. La duración de una vida sólo puede constatarse cuando termina. 
Hay algo profundamente humano en ese deseo de eludir la muerte, pero también hay algo frívolo. Esa parte frívola se comprueba en el carácter cosmético de muchas de las intervenciones que se realizan con la finalidad de “rejuvenecer” a las personas. Esas intervenciones se revisten con la solemnidad de todo lo que se hace en nombre de la ciencia, pero en realidad se hacen en nombre de la ideología. Detrás de esta tendencia que prolifera está un proceso de estandarización del gusto y de la opinión y la diseminación de un modelo de realidad, clasista y racista, que se encarna y se inscribe en los cuerpos individuales, igual que se ha encarnado en el cuerpo social.

Verónica Wiese. X-Clue Eternity. Detalle

El ícono definitivo de X-Clue Eternity es el rostro de una niña. Tiene el cielo de fondo y parece flotar en el aire. Tiene los ojos azules, los labios rojos, la piel blanca. El óvalo del rostro es perfecto. Es de una belleza ideal, atemporal, onírica. En otra época la hubieran comparado con un ángel. Ahora su perfección parece corresponderse con una utopía posthumana. 
Entre el ángel y el replicante pudiera haber sólo una diferencia técnica, aunque puede argüirse que el ángel es, ante todo, un mensajero. Y, sin embargo, Ray Batty, en la escena más intensa de Blade Runner, habla como el portador de una verdad: “He visto cosas que ustedes los humanos no se imaginan.” En esa escena, el replicante se ve como algo más que una inteligencia artificial: es una nueva forma de humanidad.
El retrato de la niña en la obra de Verónica Wiese es el cierre metafórico de una fantasía de rejuvenecimiento. Su perfección es irónica y reta a la credulidad. Tiene algo que ver con el tono de ficción que mantiene toda la obra. El proyecto tiene una componente escrita que es fundamental y que consiste en la descripción de todo el proceso de intervención en el cuerpo, para rejuvenecer las células y sustituir la materia envejecida.  Ese es el núcleo de toda la pieza. Su parte visual refuerza el aspecto dramático de todo el relato.
Verónica Wiese. X-Clue Eternity. Video instalación
La parte simbólica de X-Clue Eternity es una imagen imprescindible en todo relato con implicaciones biotecnológicas: la relación entre lo natural y lo artificial, que visualmente se representa de manera más nítida mediante la relación entre el cuerpo y la máquina. La idea fija en todo el proyecto es la idea de flujo, que en su resolución formal deriva en el concepto de metamorfosis; la transición hacia una nueva forma y una nueva apariencia. Y esto no sólo atañe a la apariencia del cuerpo, sino que es manejado en las relaciones de afinidad entre formas orgánicas y aparatos. Un dispositivo tecnológico puede percibirse como una escultura con forma de animal; un hueso en una cafetera; un insecto en una mesa. Estos efectos visuales y estas yuxtaposiciones aparentes llaman la atención sobre la parte cosmética y, de alguna manera, mimética, de ese empeño por rejuvenecer y por sobrevivir. Recordando Medusa y Cia., de Roger Caillois, vienen a la mente estas disyuntivas: ¿Eternidad o supervivencia?¿Cuerpo o memoria?¿Forma o imagen? Esos pudieran ser los puntos de inflexión o de tensión en el tema que está trabajando Verónica Wiese. Y todo eso marcado por la reminiscencia de lo orgánico. En ese sentido, las imágenes de Verónica Wiese son mucho más cálidas (y mucho menos agresivas) que los ejemplos contemporáneos de representación del ciber cuerpo, con su carácter de fantasía postmoderna.
Y sin embargo, en la obra de Wiese el cuerpo se representa deserotizado. Pareciera como si, por una caprichosa paradoja, la búsqueda de la juventud y de la belleza artificial derivara en una neutralización de los mecanismos del deseo y la seducción. O como si asistiéramos a una irreversible transición de la carne al texto o de lo sensorial a lo retórico.
En el fondo, Verónica Wiese pudiera estar lidiando con lo que algunos teóricos han calificado como “desaparición del cuerpo”, expresión que aquí pudiera ser desglosada en términos de deserotización y anestesia.
Gianni Vatimo cierra así una reciente entrevista: "Además, es importante la idea de la finitud. ¿Puedes enamorarte de una persona eterna?"

Verónica Wiese. X-Clue Eternity. Detalle

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