jueves, 17 de abril de 2014

Pequeña muerte del texto. Apostillas a la obra de Mina Bárcenas

…sólo quien abandona el laberinto puede ser dichoso,
pero sólo quien es dichoso puede escapar de él.
Michel Ende. El espejo en el espejo

para Gabriela Álvarez


Mina Bárcenas. Mr. Vértigo

Quiero comenzar con dos recuerdos que tal vez son dos sueños. En el primero yo tengo alrededor de 10 años y estoy en la cama de mis padres, el día de mi cumpleaños, sufriendo de un resfriado que me ha causado una fiebre ligera. Mi madre ha salido a comprar juguetes, de acuerdo a una perversa disposición burocrática que sólo permite comprar tres juguetes para cada niño, una vez al año. Al regresar, trae una bolsa voluminosa, llena de libros. Yo me fijo en que ella calza unos zapatos viejos y gastados. Lo recuerdo como uno de los días más felices de mi infancia.
En el otro recuerdo hay una niña sentada en un restaurante cuyas paredes están cubiertas de espejos. La niña descubre que desde cierta posición puede ver el reflejo recíproco de los espejos, creando una especie de laberinto vertiginoso y fascinante. No voy a tratar de explicarme cómo puede encajar la niña del segundo recuerdo en el primero, pero estoy convencido que si no fuera por mi amor a los libros esa niña nunca hubiera llegado a mi vida.
La literatura es el arte que más placeres me ha otorgado. Probablemente la lectura y la escritura han sido las actividades que más consistentemente formaron mi personalidad. A estas alturas debo reconocer que incluso mi atracción por la fotografía proviene de que en ella encuentro un potencial narrativo (fabulatorio, sobre todo) y una cualidad simbólica (que a veces llamamos poética) que acerca a la fotografía y la literatura de un modo muy diferente a como ocurre con otras expresiones de las artes visuales.  Tal vez la peculiar relación de la fotografía con el lenguaje se deba a su conexión con la cotidianidad. La fotografía nos incita a renombrar las cosas sencillas, a relatar los acontecimientos mínimos, a preservar las palabras que aluden a algo inmediato.
Mina Bárcenas. Tres tristes tigres


La fotografía clama por el lenguaje y al mismo tiempo lo reta. De pronto invita a callar o simplemente aparece como una representación del silencio. Uno de los efectos más interesantes que tiene el ensayo Apostillas, de Mina Bárcenas, es que, pese a su estrecha relación con las palabras, cada foto, vista individualmente, posee un mutismo elemental. Y sin embargo, son fotos “inspiradas” por la literatura.
En este proyecto, Mina Bárcenas reúne una serie de fotografías hechas a partir del recuerdo de algunos de los libros que ha leído durante su vida. No creo que hayan tenido que ser los más importantes o los que más le hayan gustado. Es muy probable que las fuentes sean las que fueron capaces de generar recuerdos más gáficos. En ese sentido, las fotos no se refieren tanto a las historias leídas como a los rastros imaginarios que las lecturas han podido dejar en la memoria de la fotógrafa.
Con Apostillas, Mina Bárcenas continua desarrollando lo que ya es, evidentemente, la preocupación principal de su obra: la relación entre las palabras y las fotografías. Es decir, sigue experimentando con las distintas variantes de producción de la fotografía como texto. Una vez tomadas las fotos, Mina le pidió a algunos amigos que leyeran los mismos libros que ella estaba citando y escribieran sus propios ensayos o poemas o relatos breves, atendiendo tanto a los libros leídos como a las fotos que ella había producido. Es como si la escritura de sus colaboradores estableciera una nueva conexión entre sus fotos y los libros, ocupando unos intersticios dejados ahí a propósito para generar nuevas zonas de rozamiento y goce (fricción y fruición).
Mina Bárcenas. Perfect Day for Banana Fish

No puedo decir esto sin recordar las imágenes que evoca Roland Barthes en El placer del texto, un ensayo que privilegia el lugar erótico de la fisura y la fugacidad: “…es la intermitencia, como bien lo ha dicho el psicoanálisis, la que es erótica: la de la piel que centellea entre dos piezas (…) es ese centelleo el que seduce...” Así también podemos captar el erotismo de estas maniobras transtextuales que elabora Mina Bárcenas. Como en cualquier ménage à trois, es en el espacio intermedio (espacio necesariamente intercambiable) donde se concentra con mayor intensidad el placer: el placer de la escritura que se abre paso entre la foto y el libro, el placer de la fotografía que viene ceñido entre la escritura y la lectura; el placer del texto que se recuerda, apareciendo intermitente entre dos nuevos textos.

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