martes, 15 de abril de 2014

José Antonio Navarrete: ¿Un fotógrafo que sabe demasiado o un curador que se divierte?

Havana, Primavera de 1957.(Impresión de transparencia, 6x6 cm)
I have never taken a picture for any other reason than that at that moment it made me happy to do so.
Jacques-Henri Lartigue

En 1957 Jacques Henri Lartigue viajó a La Habana para una exposición de sus pinturas. De ahí partió rumbo a México y posteriormente a New Orleans. Para mí, el documento más hermoso de ese viaje es esta sencilla foto de una flor flotando en el agua de una piscina. En su simplicidad esa composición evoca la simplicidad de la vida, cuando es vista con alegría y cierta pureza de espíritu. Me recuerda algunos momentos de mi infancia y me da gusto encontrar que uno de los fotógrafos que más admiro está igualmente asociado a mi memoria y a mi origen.
A Lartigue siempre se le ha atribuido esa joie de vivre. También algunos lo ven como si hubiera tenido siempre un alma infantil y cándida. Lo cierto es que sus fotografías son el resultado y el reflejo de una actitud hedonista. La vitalidad de esas fotografías no se genera, o no se limita, al objeto de la representación. Con Lartigue entendemos que la belleza puede empezar a producirse desde la sensibilidad del fotógrafo, antes de llevarse la cámara a los ojos. 
José Antonio Navarrete. Untitled Num. 13. Boxer. De la serie What Images Can Do, 2013


























Cuando vi esta fotografía de José Antonio Navarrete, pensé en la foto de Lartigue. Lo primero que me atrapó fue esa reminiscencia de felicidad y sencillez. Pero también disfruté el juego de encontrar una imagen atravesada por otra, confundidas las dos en mi recuerdo y generando un nuevo texto, tal vez imprevisto.
La equivalencia entre el boxer y la flor, flotando ambos en el agua de una alberca, es estimulante, pero debe ser vista sin mucha solemnidad. Los textos no son objetos sagrados (los textos no son objetos), así que nada en ellos debería invitar a la inmutabilidad. 
Lo único probable en la relación entre esas dos fotos es la imaginación del lector. What Images Can Do es un título bien escogido. Pone lo imaginario en el centro de la experiencia estético-artística y aunque parece demostrar, más bien interroga.
Es imposible comprender las fotografías que está exponiendo Navarrete en una galería de Miami, sin acudir a cierto saber y cierta inteligencia. El propio Navarrete ha realizado cada foto explotando concienzudamente su experiencia, después de varias décadas como investigador y curador de fotografía. A primera vista es el trabajo de un fotógrafo que sabe demasiado. Pero igualmente es el trabajo de un curador que se divierte. Por eso, tampoco se puede disfrutar de estas fotografías sin tener alguna predisposición al juego y la sorpresa.
Navarrete ha hecho esta serie de fotos en diferentes sitios del mundo, dejando ver en cada escena algún objeto de uso personal. Así parece tanto una serie sobre el viaje, como una documentación de ciertos gestos, con los que el autor marca un lugar y convierte su presencia física en una presencia simbólica. En tanto simbólica, su presencia terminará siendo reelaborada como ausencia, probablemente uno de los efectos para los que la fotografía resulta un medio privilegiado. 
Siempre he apreciado el sentido del humor de Navarrete -con esa sutileza que se mantiene pese a lo elaborado de su retórica- así que no me sorprendería descubrir que buena parte de este proyecto se ha tramado con los hilos de una refinada ironía. Pero me consta que detrás de la ironía muchas veces se oculta la timidez. Algunos malabares curatoriales en esta exposición (la inclusión de dos fotos de José Tabío, por ejemplo) son gestos que distraen de la figura de Navarrete como autor y lo devuelven al ámbito protegido y menos vulnerable del curador, aun cuando se antoja interpretarlo como una cita que deviene tautología: si el signo es una cosa que está en lugar de otra, ¿Por qué no acudir a un signo que está en lugar de sí mismo? Tal vez para Navarrete la mejor forma de citar a Tabío era citarse con Tabío.
Para mí esta cita con Navarrete fue una manera oportuna de citar a Lartigue. Eso es lo que hacen las imágenes. Improvisan itinerarios diversos en la realidad. Nos permiten encontrarnos en tiempos diferentes. Y nos esperan siempre con una promesa de felicidad.














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