martes, 14 de mayo de 2013

Crítica crédula



En los tiempos que corren el peor pecado de un crítico de fotografía es la credulidad. Una cuota razonable de suspicacia no está de más cuando se trabaja con un medio cuyas funciones principales son la ilusión y la persuasión. La tarea se hace más difícil si además la fotografía se apoya en las palabras. Ya sabemos que en el medio de la fotografía artística eso ocurre todo el tiempo. Es raro encontrarse hoy día una serie fotográfica que no venga acompañada de una historia escrita. Además ese requisito se impone desde todas las instancias: los organizadores de los concursos, los curadores, los críticos, los profesores de arte. Todos le piden a los fotógrafos que justifiquen su trabajo con un texto escrito. Y lo peor es que le creen más al texto que a las fotografías.
Paula Islas. 28/14Esta serie busca resaltar los cambios morfológicos y anímicos provocados por las hormonas durante el ciclo menstrual. Los cambios biológicos son visibles en el rostro, y su manifestación social y cultural puede advertirse en el arreglo personal de las mujeres retratadas.

 
No le hubieran dado un premio a Paula Islas en la XV Bienal de Fotografía si no fuera por lo que dice su texto. No creo que el jurado la haya premiado por haber aportado un conjunto de retratos originales y con una insólita fuerza estética. Lo que se premió fue su habilidad para relacionar esas fotografías con una historia o tal vez para hacer creer que existe relación entre las fotografías y el relato. Porque, digamos, ¿hay algo en esas fotos que nos confirme que las mujeres retratadas están ovulando o menstruando?¿Podemos ver algún cambio aparte del vestuario y la iluminación?
Con lo que nos pone a lidiar la fotógrafa –y eso sí es por lo menos un rasgo de astucia- es con nuestras propias representaciones. Sólo en una sociedad machista y llena de rastros de misoginia tiene credibilidad ese relato, no por lo que dice (mucho menos por lo que muestra), sino por lo que discurre debajo: la imagen de la mujer histérica, trastornada por sus hormonas y sus humores. Curiosamente, de esa credulidad surgen también las críticas. Xavier Aguirre dice que “la serie se convierte en un planteamiento machista en donde la mujer se vuelve un ser sometido a su ciclo menstrual.” José Antonio Rodríguez también la califica de clasista y misógina: “un proceso de denigrante construcción de caracteres.” Lo cierto es que yo no veo nada denigrante en esas fotografías. Tampoco veo nada conmovedor –es cierto-,  sólo un poco de la misma apatía que contamina a la mayor parte de la retratística contemporánea.
De los proyectos que participaron en la XV Bienal de Fotografía aprecio más los que obligan a mirar, haciendo justicia a su condición de arte visual: el proyecto de Beatriz Díaz, que ya he comentado antes, el de Ramón Moctezuma o el de Luis Arturo Aguirre, por poner tres ejemplos. De la serie Desvestidas he oído pocos elogios. Es seductora, pero también es irritante. Tanta belleza andrógina inquieta, incluso a los que quiebran lanzas contra el machismo. Tanto color, tanto brillo, tanto artificio, nos obligan a aceptar lo sensorial sin mediaciones discursivas y sin coartadas. La serie compromete la mirada de la gente, compromete su cuerpo y compromete su gusto. El fantasma del kitsch acecha. ¡Hasta con pericos en la cabeza! exclama José Antonio Rodríguez con un tono que me recuerda a Baudelaire (“aunque usted no lo crea”… continúa). Y sí, usted puede hacer un consumo kitsch del color, del maquillaje, incluso de las cicatrices. Los premios de World Press Photo acaban de recordarnos que también se puede hacer un consumo kitsch de la muerte. Pero lo que casi nunca se puede hacer es mirarlos con indiferencia.
Luis Arturo Aguirre. Desvestidas
Ramón Moctezuma está en el otro extremo. Sus fotos son sombrías y lacónicas. No es un trabajo conceptual (no parece “justificado”), sino que parece haber surgido de una irrefrenable necesidad de fotografiar. Xavier Aguirre lo critica, mientras clama por fotografías “con una vocación no autorreferencial, que no caigan en fotografiar por fotografiar.” Pues mira que lo que me gusta de esa serie es justamente eso: que la fotografía se basta a sí misma, que no quiere demostrar nada. Y no me parece un acto ocioso, sino muy productivo.

Juan Antonio Molina

5 comentarios:

pedromeyer dijo...

Coincido en lo que expresa JAMolina, sobre la obra premiada en la bienal y que es puro texto con imágenes nada especiales.



Saulo Blanco Garcia dijo...

Por fin me encuentro con una critica asertiva acerca de la pasada bienal, me parece muy atinado el comentario acerca de la justificación en los trabajos autorales de fotografía, en ocasiones me parece muy peligroso que un autor justifique su texto, mucha veces existe una pulsión natural al momento de fotografiar, y los autores no tienen la obligación de escribir por eso existen los críticos, galerias y demás circuitos que validan una obra en especifico.
Pienso que bajo esta premisa la pasada bienal debió de ser llamada bienal de fotografía justificada.

LALO LANDA dijo...

Totalmente de acuerdo con esta tesis expuesta, hoy en dia se califica más el ordenamiento y selección de las palabras que enlasan a la fotografía cuando debe ser al revés, desgraciadamente nos enfrentamos a lo crítico, en cierta forma el trabajo de un critico es facil, arriesgan muy poco y gozan de un poder superior ante la situación de la de aquellos que ofrecen su trabajo a su juicio, el fotografo se enfrenta ante los complejos y formación artistica del critico/ juez, se enfrenta ante años de experiencia, no cualquiera puede convertirse en un gran fotográfo pero un gran fotográfo puede provenir de cualquier lado.
Carlos Rosas.

Carlos Ortega dijo...

De acuerdo Juan Antonio. Este es sin duda la punta del iceberg que tiene que generar debate, pero no sólo entre críticos y espectadores, sino más bien entre fotógrafos, que muchas, muchísimas veces permanecen ajenos a estas discusiones, protegidos detrás de sus cámaras en el fotografiar cotidiano.

Creo que el uso del texto o de la justificación escrita -por lo menos en mi experiencia- se ha convertido en una herramienta necesaria al ver fotografías.

Por lo menos el trabajo de Paula no contradice su texto. Si bien podemos dudar, no podemos asegurar que no sea así tampoco. Pero en otros casos nos hemos topado con textos de justificación rebuscados, difusos a más no poder, sin redacción mínima, y lo peor, completamente desconectados de las imágenes que, según los autores, justifican.

Esto nos lleva a un punto de atención: los fotógrafos no saben escribir un párrafo simple sobre sus proyectos, ¿por qué? ¿En realidad no saben a ciencia cierta lo que quieren proponer? ¿La idea de su proyecto es mucho más grande que sus posibilidades reales? ¿Por qué? ¿Cómo abordan o conciben los proyectos?
Hemos visto textos donde con miles de hojas y lenguaje poético, pasando por profundas disertaciones sobre el ser, acompañan fotos que no muestran absolutamente nada de toda la parafernalia escrita.
Quizá las fotos sean "buenas", pero el no poder concretar en palabras lo que ya hiciste en fotos derrumba el trabajo completo.

Lo simple resulta complicado.

Enhorabuena por el blog y por el trabajo.
Saludos desde Guadalajara.

Fernando Castro dijo...

El proyecto de Islas me parece de gran interés científico y como tal debió hacerse con gran control de las variables y constantes. Como no tengo acceso a las fotos de Islas no puedo juzgar como ella lo llevó a cabo. ¿En las fotos se observan cambios físicos o emocionales en ciertos momentos del ciclo menstrual? Para que el texto sirva de algo en este caso, tiene que documentar meticulosamente los pormenores del experimento. Las fotos por su parte deben ser controladas como constantes de un experimento. Hay que decir, que los hombres tenemos escasa idea de los cambios psíquicos que ocurren en la mujer a través del siglo menstrual. Para imaginárselo hay que ponerse en el caso hipotético de inyectarse un par de drogas potentes cada mes y ver si mantenemos la ecuanimidad. De hecho, nosotros tenemos que manejar la agresividad que nos producen nuestros propios picos de testosterona. Algunos lo hacemos con más destreza que otros, pero a veces no nos da la gana de controlar esa agresividad; ni siquiera en el plano intelectual.