miércoles, 3 de abril de 2013

Geographica. Una exposición difícil de ver








Geographica es una exposición difícil de ver.  Está compuesta por impresiones de paisajes desvaídos, casi fantasmales, carentes de contraste, en los que apenas asoma con timidez algún que otro contorno, alguna sombra, sobre el blanco absoluto del papel fotográfico. La delicadeza de los grises y la disolución de las líneas les dan un toque aéreo. Parecen dibujos. Prácticamente no remiten a la fotografía. Les falta ese exceso de realidad al que está acostumbrada nuestra mirada.
¿A dónde se fue lo interesante?¿A dónde se fue el shock? La ausencia de impacto visual pudiera ser justamente lo que invita a la contemplación. Ya sé que el arte “contemplativo” no goza de mucho prestigio hoy día porque se asocia con cierta pasividad por parte del espectador, o con cierto mutismo sospechoso. Pero la verdad es que seguramente hay más pasividad en la aceptación de lo previsible. De todas maneras frente a estas obras de Beatriz Díaz hay que moverse, hay que ponerle intención a la mirada, hay que mirar con todo el cuerpo.
Para llegar a esas imágenes Beatriz Díaz siguió un camino un poco más largo de lo normal. Comenzó por copiar una serie de fotografías de National Geographic, que habían sido publicadas en la segunda mitad de la década de 1970, las despojó del color y los tintes, les quitó la mayoría de los elementos significativos y las volvió a imprimir como fotografías casi transparentes.
Así entendida, la serie Geographica surge de la apropiación y la manipulación, pero también surge de la memoria. Beatriz escogió esas revistas porque pertenecen a la colección de sus padres y escogió ese período porque corresponde a los años previos a su propio nacimiento. Dice que le interesaba fotografiar el paisaje que le precedió. Supongo que también disfrutó el volver a hojear las páginas, como recordando ese sentimiento ambiguo que nos invade al manosear un objeto prohibido. Beatriz dice que esos paisajes pertenecen a un subconsciente colectivo. A mí me resulta más atractiva –y no sólo por modesta- la idea de que todo en este proyecto tiene que ver con su propio subconsciente y con su propia nostalgia.
En la fotografía documental hay mucho de espectáculo y mucho de fetichismo y probablemente en National Geographic podemos encontrar abundancia de ambas cosas, bajo el velo de lo interesante y lo pintoresco. Aunque Beatriz Díaz no se lo haya propuesto, su proyecto termina siendo antifotográfico. Lo que ella califica como “paisaje imaginario” no tiene cabida en la sobreabundancia de la fotografía contemporánea.
Terminé de ver Geographica y me puse a ver estampas japonesas. La delicadeza del color y los dibujos del Ukiyo-e no reprimen un aire mundado en los grabados. Y sin embargo me ayudan a retener un poco más la ilusión de que tengo una relación espiritual con el paisaje.
 



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