viernes, 12 de abril de 2013

Bienal Héctor García. Lo que hay

Roberto Camargo. De la serie Introspección


No es lo mismo fotografiar las protestas de los otros que convertir la fotografía en un medio de resistencia, de respuesta al poder y de subversión de las normas estéticas. No es lo mismo fotografiar cosas interesantes que librar de la monotonía a nuestra propia relación con la fotografía. A veces las ambiciones de la fotografía documental parecen haber llegado a su límite. Entre tantas fotografías que uno ve diariamente, se encuentran escenas que son conmovedoras o bellas, dolorosas o irritantes. Hay situaciones que calificamos como interesantes, algunas contradictorias, otras cómicas, pero hay poco que se salga de lo predecible. Tomamos una foto y ya sabemos lo que va a pasar con ella. Vemos una foto y ya sabemos lo que se espera de nosotros. No hay misterio. Todo está claro.
Aunque con un espíritu abierto e inclusivo, la I Bienal Héctor García no puede negar la cruz de su parroquia. Es un proyecto con una clara inclinación por el fotodocumentalismo, en cualquiera de sus variantes, y concede un lugar relevante, al menos en su discurso, a las expresiones de la denuncia y la inconformidad social. A mí me parece un gesto de coherencia con la figura histórica a quien rinde honor este proyecto y con los antecedentes de quienes lo organizan. No obstante, el resultado, en términos estrictamente visuales y estéticos, me parece por lo menos conservador.
La Bienal Héctor García se conformó a partir de dos propuestas: el concurso y el salón de invitados. Entre ambos grupos se percibe una brecha generacional bastante marcada. Mezclar los dos conjuntos de obras me parece una solución museográfica interesante y adecuada al espacio, pero tuve que recorrer una buena parte de la exposición para entender su lógica. Una vez salvado el primer momento de confusión, comencé a apreciar lo que tiene de democrática esta convivencia entre ambos grupos. Me parece bien ese toque de irreverencia, que permite a los fotógrafos más jóvenes contemplar sus propias obras en la cercanía de algunos de los autores más reconocidos en México. La convivencia se hace más cómoda porque tampoco abundan las obras maestras en la sección de maestros.
Los dos premios, que se entregaron en sendas categorías, me colocaron ante una paradoja: la foto seleccionada en la categoría de fotografía experimental y construida, tenía mucho de documento social y la que se premió como mejor documento social, tenía mucho de manipulación y puesta en escena. En el fondo me complace esa ambigüedad. Ya no es el tiempo en que se podían marcar distinciones radicales entre un tipo de fotografía y otro.
Julio César Barrita. De la serie Espacios abatidos. Cortesía Bienal Héctor García

Las fotos de Julio César Barrita (Serie Espacios abatidos) son lindas. Invitan a mirar con simpatía a los retratados. Me siento identificado con esas personas que se someten afablemente al acto fotográfico. El efecto visual no es abrumador. Se combinan las proyecciones de los familiares ausentes con la presencia de los que quedaron, de los que esperan, de los que confían. Detrás de esas ausencias hay problemas sociales, pero las fotografías muestran algo elemental, que reconforta. No sé por qué, pero se ven mejor en la pantalla de mi computadora.
México bajo secuestro, de Ricardo Hernández, puede complacer a cualquiera que ande buscando documentos sociales. De hecho el políptico, formado por seis piezas, está muy bien compuesto y tiene fuerza visual. Pero con ese título las fotos resultan redundantes, y con esas fotografías el título resulta obvio. La simpleza en la relación título-imagen refleja una elaboración intelectual incompleta. Por lo demás, de pronto pensé que si las personas no tuvieran los ojos vendados, la pieza hubiera podido ser una serie de excelentes retratos, sin dejar de atender a una preocupación social. Después comprendí que ni siquiera con los ojos vendados esos retratos dejan de parecerse a otros muchos retratos que vemos como propuestas de autor por todas partes.
Ricardo Irak Hernández García. México bajo secuestro. Cortesía Bienal Héctor García

No suelo tomar muy en serio las decisiones de los jurados. La calidad y la autenticidad de un proyecto cultural no debe medirse a partir de quién recibió o dejó de recibir un premio. Y siempre habrá criterios encontrados. Tal vez porque es un proyecto incipiente, o porque los organizadores fueron más precavidos, esta bienal no creó tantas expectativas ni polémicas en torno al concurso. Yo por lo menos sentí que su rango de pretensiones era bastante modesto y que lo más importante era invitar a la gente a ver fotografías. O, como me dijo Enrique Villaseñor, simplemente “enseñar lo que hay”.

Juan Antonio Molina Cuesta
Alejandra Zamudio Ferrao. Detenidos III. Cortesía Bienal Héctor García
Melania Rodríguez Sevilla. Coco. Cortesía Bienal Héctor García


Julio César Barrita. De la serie Espacios abatidos. Cortesía Bienal Héctor García






No hay comentarios: