miércoles, 26 de diciembre de 2012

La mirada, no el náufrago, no la isla


Entrevista con Adrián Alemán, a propósito de Socius II
Centro Atlántico de Arte Moderno. Noviembre 2012-Febrero 2012





La muerte en aquella isla, cuya soledad nadie más volvería a violar, ¿no era la única forma de eternidad que le convenía a partir de ese momento?
Michel Tournier. Viernes o los limbos del Pacífico
El navío es la heterotopía por excelencia. En las civilizaciones sin barcos, los sueños se secan, el espionaje sustituye a la aventura, y la policía a los corsarios.
Michel Foucault
A veces los diferentes se vuelven los mismos y a veces los mismos desaparecen…El tiempo se mueve a un paso insignificante.
Auggie (Smoke. Wayne Wang y Paul Auster)


Durante dos años Adrián Alemán estuvo fotografiando el mismo punto de la costa, desde el mismo risco. Con la misma insistencia de un náufrago, que comienza obsesionado con el deseo de escapar y termina fijándose en el lugar. Sus fotografías parecen marcadas por esa fijeza. En ella hay una especie de renuncia empecinada. Y otra vez recuerdo al náufrago: el Robinsón de Michel Tournier decide quedarse en la isla, pero no logra retener a Viernes, quien se marcha, furtivo, en medio de la noche, dejándolo a solas con su tristeza postcolonial.  “Lo cierto es que en la isla sólo es posible quedarse”, dice Teresa Arozena en su magnífico ensayo sobre Socius.  Y mucho antes, Susan Sontag decía que fotografiar es “tomar posesión de un espacio donde la gente se siente insegura.” Viernes, el domesticado, el civilizado, el socializado,  debió llevar una cámara consigo.
En la obra de Adrián Alemán la fotografía no busca ser documento, ni testimonio, ni evidencia. Y si la interpretamos en alguna de  esas variantes debemos exponernos a ser objetos de una tomadura de pelo. La fotografía sería sólo la parte ostensible de un uso indisciplinado de la mirada, que finge la objetividad que la razón ha otorgado a la observación. Simulacro de simulacro: acudir al exceso de presencia –que es también exceso de presente- para reposicionarnos ante el pasado y la ausencia.
El proyecto de Adrián Alemán volvió mi atención hacia la funcionalidad del arte contemporáneo para hacer un uso crítico de las representaciones. Aunque lo más rico de Socius II es su complejidad discursiva, que sobrepasa al uso del dispositivo fotográfico, no he podido evitar que el preámbulo de esta entrevista esté contaminado por mi fascinación ante la densidad iconológica que sostiene esta obra. Y sin embargo presiento que en este trabajo hay un punto donde lo icónico puede pasar a ser leído como irónico. Tal vez a partir de ese punto podamos renunciar a pensar la fotografía como un aparato productor de certezas y redescubrirla como el juguete de una sociedad que se niega a ver y que se resiste a enfrentar su propia memoria. Una sociedad que es frívola hasta para olvidar.
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