miércoles, 14 de noviembre de 2012

Cuerpos privados/Máscaras públicas. Fotografías de Juan Rosas


La fotografía de la máscara es en efecto suficientemente

crítica como para inquietar.  
Roland Barthes.
A veces (éstas son mis pesadillas más terribles) me
veo reflejado en un espejo, pero me veo reflejado con una máscara.
Jorge Luis Borges




El proyecto de Juan Rosas reúne la función crítica de la fotografía documental con la función simbólica de la máscara. Durante cuatro años este autor ha documentado las actividades y vida cotidiana de adolescentes recluidos en una unidad de atención especial en la Ciudad de México. El proyecto fotográfico ha estado concentrado en los retratos de estos jóvenes, ofreciéndoles la oportunidad de asumir el acto fotográfico, y de participar en él, como una forma de relación con sus propias identidades. Aunque la serie fotográfica consta de un grupo amplio y diverso de imágenes, la selección que aquí se expone tiende a enfatizar la misma situación visual en todas las fotos: encuadres verticales (propicios para el retrato de cuerpo entero), aislamiento de los sujetos respecto a sus contextos (la relación entre el cuerpo y el espacio es codificada formalmente como relación figura-fondo) y organización de las imágenes mediante composiciones sobrias y equilibradas.
A pesar de que los retratos son tomados en un centro de reclusión, la imagen de los adolescentes como reclusos no es prioritaria. El punto de vista del autor no propone un juicio sobre la situación o el comportamiento de estas personas. De hecho, Juan Rosas dejó a los sujetos la elección del lugar y la pose con que serían fotografiados. Sin embargo el contexto no queda totalmente borrado: algunos de los retratados escogieron una reja como fondo, otros prefirieron una alambrada, algunos optaron por una pared grafiteada. Es evidente que se mantiene en todos ellos una consciencia de su condición social y de la situación en que se encuentran. Son ellos mismos quienes impiden que la relación entre sus cuerpos y el lugar siga siendo percibida como formal; ellos la convierten en una relación simbólica y con una carga social significativa.
La ley no permite difundir las identidades de menores recluidos. Pero en esta serie la máscara es mucho más que un recurso para disimular. Las máscaras, hechas y pintadas por los mismos sujetos retratados, crean una relación poética entre la identidad y la ficción, que complejiza la pregunta sobre quién es la persona que la porta. Los individuos podemos adoptar distintos roles, incluso podemos representar distintos personajes, pero no puede perderse una identidad. La cuestión significativa es por qué y para quién está siendo reconstruida o relatada.
Junto a esto, el hecho de que ellos mismos sean quienes fabriquen sus máscaras nos lleva a la cuestión sobre qué clase de personaje quiere representar cada cual o por quién se siente mejor representado. El disfraz permite que el portador tome las cualidades de la máscara: el payaso, la muerte, el diablo, algún animal, entre otros, y provoca un desdoblamiento de la identidad que no se reduce a un simple acto de simulación.
La escala que eligió Juan Rosas para las impresiones destaca el cuerpo, complementando la representación escénica y dándole un valor imponente a la fotografía. Así también apoya y engrandece las cualidades físicas y morales de las chicos fotografiados, acercándonos a su condición humana. Es contradictoria esta presentación de retratos sin rostros. Y sin embargo, en todo retrato fotográfico parece insinuarse la posibilidad de que el rostro sea al mismo tiempo reflejo y negación de una realidad, como reuniendo en un solo acto los elementos de un mal sueño de Borges: el espejo y la máscara.
En los bordes de ese territorio simbólico, el gesto de los adolescentes fotografiados por Juan Rosas es un gesto de resistencia. Enmascararse es una manera de asumir una libertad paradójica, que señala hacia una individualidad bajo presión, al tiempo que sugiere la disolución de esa individualidad en el grupo. Decía Barthes que la fotografía sólo puede tender a una generalidad adoptando una máscara. En la serie Cuerpos privados, la máscara pudiera ser un recurso del propio fotógrafo, quien se resiste a ofrecer lo ya esperado, lo ya identificado socialmente de antemano. Cauteloso, pero no ingenuo, Juan Rosas entra así a lo que Barthes llamaba “la región difícil de la fotografía”. En esa zona, el mayor esfuerzo del fotógrafo debe ir dirigido a evitar que la máscara sea consumida como un ruido o como una distracción decorativa. Porque la máscara está impregnada del dolor y la violencia que no queremos ver.

Juan Antonio Molina Cuesta
Indira García Varela
Proyecto Página en blando

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