domingo, 19 de agosto de 2012

Severo Sarduy: La anamorfosis

Severo Sarduy. La anamorfosis. Fragmento de La simulación. Monte Ávila Editores, C. A.
Texto completo aquí

Hans Holbein. Los embajadores, 1533
A través de la anamorfosis, la pintura puede dar a ver (con una inquietante cercanía, enmascarándola en una forma falaz, suspendida sobre el suelo y en primer plano), la imagen última, esa que no se percibe más que cuando el sujeto que se va -le sujet qui se barre-, ya al abandonar la pieza en que se encuentra la representación, desilusionado y sin esperanzas de comprender el jeroglífico de nácar, como para despedirse, mira hacia su izquierda, mira hacia la siniestra, y como en un rebus analítico, es precisamente a ella, a la Siniestra, en el esplendor macabro de su blasón óseo, a la que descubre tronando ante las medidas terrestres -la Perspectiva y la Música- y celestes -la Astronomía-: reidora en el primer plano, la Toda-Hueso avanza escindiendo la mirada final del espectador.
La opacidad, lo indescifrable en primer plano. Andy Warhol va a terminar la era de lo legible en pintura y por ello la consignación de lo opaco. Llega a eliminar, trayendo lo agresivamente accesorio al plano de sujeto único de la representación, la noción misma de plano, con lo que ésta implica de residuo jerárquico y conceptual de la perspectiva. 


Andy Warhol. Liz #5, 1963
Holbein/Warhol: motivación del trabajo analítico por exceso de opacidad, por anuncio de codificación suplementaria cuando lo ilegible constituye el primer plano de la representación o por exceso de transparencia, furia de realismo, cifra de una teatralidad contra toda interpretación. En el Pop todo da igual, todo da igual a todo[1]: plano único, sin jerarquía ni referente halógeno -ni siquiera la "vida", indistinguible en este gesto de la obra; más bien la muerte, inscrita en la pulsión mecanizada de la repetición.

Magritte nos presenta la misma legibilidad, es cierto, lo inmediato de una captación, aprehensión brutal e instantánea del "tema", pero en él, se trata de una simulación de transparencia que sólo está en función de una densidad subyacente, y ésta, por su hermetismo, no puede ser figurada más que bajo la evidencia meridiana de ciertos emblemas o bajo la representación, sospechosa por excesivamente gráfica, de la fantasía. Leyes y procedimientos que derivarían de una heráldica, nunca de una estilística.
René Magritte. La condición humana, 1935



[1] Patrick Mauriés, Second mantfestB camp, París, Senil, 1979

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