lunes, 18 de junio de 2012

Poéticas de riesgo: Roberto Desiré. Pasajes de incertidumbre


Lo que nos asombra no pueden ser
vestigios de lo que ha sido.
El mañana aún ciego,
avanza lentamente.
La luz y la visión corren a encontrarse
y de su abrazo
nace el día
con los ojos abiertos,
alto como un potro ...
John Berger




Cuenta Gilles Deleuze en un texto llamado “Image-mouvement / Image-temps” lo curioso que es, incluso dentro de la propia teoría bergsoniana, el primer capítulo de “Materia y Memoria”.

Arranca el siglo XX heredando el problema de un mundo fracturado entre las imágenes en la consciencia y los movimientos en los cuerpos, y frente al paradigma central de la fenomenología que intenta superar esa ruptura a través de la fórmula “Toda conciencia es conciencia de algo”, el proceso bergsoniano nos dice Deleuze que se acerca a una concepción cinematográfica del movimiento mediante la formula: “Toda conciencia es algo”.
No hay dualidad entre imagen y movimiento, como si la imagen estuviese en la consciencia y el movimiento en las cosas. ¿Que hay? Hay únicamente Imágenes - movimiento. Es dentro de ella misma que la imagen es movimiento y es en el mismo que el movimiento es imagen. La verdadera unidad de la experiencia es la imagen-movimiento. Un universo de imágenes-movimiento. Las imágenes-movimiento son el universo. El conjunto de imágenes-movimiento, ese conjunto ilimitado son el universo (...) Un universo ilimitado de imágenes-movimiento, ¿que quiere decir esto? Quiere decir, fundamentalmente, que la imagen es lo que actúa y reacciona. La imagen es lo que actúa sobre otras imágenes y lo que reacciona a la acción de otras imágenes (...) Acción y reacción son imágenes. La imagen es el estremecimiento, la imagen es la vibración.


Ese texto es el punto de partida del trabajo que acabará siendo “Pasajes de incertidumbre”. Al decidir tomar la naturaleza como sujeto de la  imagen, se unió rápidamente a esta reflexión de Deleuze, la búsqueda de los impresionistas que ya no pretendían rendir cuentas sobre la estabilidad de la realidad, sino, por el contrario, expresar la naturaleza (principalmente el paisaje) en lo que tiene de móvil, de transitorio. 
Con estas dos premisas en la cabeza, a lo largo del año 2010 me subí a todo tipo de trenes para recorrer algunas partes de España. Velocidades lentas de obturación, por un lado, y una cierta dosis de azar en el momento del disparo, debido al  movimiento del tren, fueron las dos herramientas fundamentales para capturar un instante que, a pesar de su incertidumbre y fugacidad, se trasformaba irremediablemente en decisivo al rellenar el fotograma con los datos recogidos por la cámara pegada a la ventanilla.

Roberto Desiré, Madrid 27 de septiembre de 2011








1 comentario:

Anónimo dijo...

Me parece un trabajo excelente.