lunes, 4 de junio de 2012

La curaduría como ensayo (Primera parte). Por Juan Antonio Molina Cuesta


Hace poco tiempo una prestigiosa revista universitaria me solicitó que redactara un ensayo para publicar como parte de la promoción de la exposición El baño. La fotografía contemporánea entre lo público y lo privado. En un primer intento por resumir el contenido de la exposición propuse a los editores publicar un breve artículo de introducción y una especie de catálogo con las fotografías y los textos que habían funcionado como textos de sala en la muestra. Esta propuesta no resultó satisfactoria para los editores, quienes querían un escrito con mayor unidad de estilo y de contenido y –deduje- con mayor vuelo literario. Estuve un par de semanas tratando, infructuosamente, de escribir un ensayo con esas características. Después estuve varios días angustiado con la sensación, ya familiar, de que mis días como escritor de arte habían terminado. Mientras tanto organizaba el taller que debía impartir en Sao Paulo y me preparaba para participar en algunos eventos sobre ese tema, incluyendo un encuentro en la ciudad de Xalapa. Fue en ese contexto donde arribé a esta intuición reveladora: no podía escribir un ensayo sobre esa exposición porque la exposición era el ensayo.
Detengámonos brevemente en una definición de “ensayo” que resulte útil para los fines de esta disertación. El ensayo es un escrito en prosa. Se considera de hecho un género literario. Es una especulación sobre un tema específico, que explora los límites de su posibilidad, pero no se subordina a la necesidad de una constatación definitiva. En ese sentido, el ensayo se filtra en los intersticios entre una verdad y otra, entre un mundo y otro, tal como los percibe el autor del texto. Por eso lo que define a un ensayo no es el objeto de la reflexión, sino la manera en que esa reflexión expresa la posición del sujeto ante el objeto. En consecuencia, otra cosa que define al ensayo es el estilo. El ensayo es un discurso con un énfasis particular en la forma; la retórica es la clave de su propia economía; la metáfora es su horizonte. Su efecto primordial es la reproducción de una subjetividad.
A la luz de esta definición, lo que permitiría calificar un proyecto curatorial como ensayo –forzando la barrera de las especificidades lingüísticas- es el énfasis en su condición discursiva. Ese énfasis implica una cualidad autorreferencial del discurso. Quiero decir, no basta con que la curaduría esté atravesada por un discurso, es necesario que ese discurso se refiera a sí mismo, que llame la atención sobre sí mismo. Califico una curaduría como ensayo cuando además de todas las características anteriores, invita a reflexionar críticamente sobre su condición discursiva.

*Fragmentos de la ponencia presentada en la Sesión Curadoria contemporânea: a pesquisa crítica como construção de reflexão. Iº Encontro Pensamento e Reflexão na Fotografia. Estudio Madalena/MIS. Sao Paulo, 2012 y en las sesiones teóricas del Festival Mayo Fotográfico, Xalapa, 2012
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