martes, 29 de mayo de 2012

Aglae Cortés: La arquitectura y el polvo (un tratado visual sobre el vacío). Por Juan Antonio Molina Cuesta



El proyecto de Aglae Cortés hace honor a la filosofía desde su mismo título. Tratado visual sobre el vacío alude a la vocación discursiva y especulativa de este ejercicio fotográfico, al tiempo que plantea como tema un concepto que se ubica en el cruce entre lo epistemológico y lo poético. Porque si la noción de vacío es un reto para el conocimiento, su representación visual sólo es posible desde la metáfora. Las fotografías de este proyecto entonces tienen que bordear los límites de la paradoja: plantearse como representaciones de lo irrepresentable. Curiosamente, eso da a las fotografías de Aglae Cortés un aire de sobria objetividad. La concentración en zonas mínimas de la realidad (un espacio marginal, un tiempo fugaz, un objeto débil) otorga a las fotografías un mutismo peculiar, porque su sentido no depende de la evocación de ciertas ausencias, sino de lo irrevocable de su propia presencia.
 En el contexto de la obra de Aglae, la idea de “vacío” tiene connotaciones particulares, porque ella ha trabajado durante los últimos años a partir de su relación con determinadas zonas urbanas y habitacionales, caracterizados por la densidad poblacional y por las intersecciones entre los espacios públicos y privados. De hecho, el núcleo temático de esas obras siempre ha sido el espacio: el espacio como lugar transitado, o como lugar colonizado, el espacio como propiedad o como paisaje, el espacio matizado por las transiciones entre interior y exterior, el espacio ocupado o el espacio vacío. El “tratado visual sobre el vacío” es un resumen de esos temas, además de una irónica inversión de lo que ha sido el horizonte de la fotografía documental durante mucho tiempo. Al buscar áreas residuales de la realidad, zonas marginales y  casi invisibles, Aglae despoja al ejercicio fotográfico de su grandilocuencia tradicional y le incorpora una suerte de humildad, un tono quedo que, entre otras cosas, cuestiona la excesiva confianza que ha puesto la cultura occidental en la mirada. 

“Hay un espacio que ha estado ahí antes y después de la mirada”, dice Aglae Cortés en la presentación de su proyecto. Lo cual la lleva a cuestionar: “¿Existe (el lugar) porque se fotografió o existe a pesar de la fotografía?” Si la fotografía ratifica el estatuto de realidad de las cosas, es probablemente porque con ello ratifica nuestro propio estatuto de realidad. Somos nosotros los que nos confirmamos ante lo real. Es nuestra propia existencia lo que busca sentido. Una realidad que existe al margen de nuestra propia capacidad para representarla sería una especie de fantasmagoría amenazante. 
La idea de “vacío” también tiene ese cariz de peligro. Y tal vez eso es lo que da el tono levemente inquietante a unas fotografías que, por otra parte, pudieran ser percibidas como apacibles y neutras. 
































Ver artículo completo Aquí

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy interesante trabajo este de Aglae Cortés y que importante es el nucleo de la reflexión:
“Hay un espacio que ha estado ahí antes y después de la mirada”, dice Aglae Cortés en la presentación de su proyecto. Lo cual la lleva a cuestionar: “¿Existe (el lugar) porque se fotografió o existe a pesar de la fotografía?” Si la fotografía ratifica el estatuto de realidad de las cosas, es probablemente porque con ello ratifica nuestro propio estatuto de realidad."
Gran parte de la reflexión actual anda a vueltas con estos conceptos siendo además esa ironía que dices que subyace al trabajo una buena herramienta que permite operar dentro del discurso del espectáculo al cual refiere inevitablemente una imagen para desconstruirlo.

RD