jueves, 21 de abril de 2011

El suplicante. La fotografía sin dioses


















Paolo Gasparini. El suplicante. 1994



Fue a Paolo Gasparini a quien escuché decir que una fotografía no vale más que mil palabras. –A menos que las palabras sean puras tonterías- acotaba con peculiar humor, durante un encuentro en la Casa de las Américas de La Habana, en el año 2001.
Revisando El suplicante (el más reciente libro del fotógrafo venezolano) pensaba que probablemente todos sus proyectos editoriales están hechos con esa filosofía. Incluso  creo que esa filosofía es la que hace que los libros, y los audiovisuales sean soportes privilegiados para relacionarse con sus fotografías. Porque le quitan autosuficiencia a la fotografía. Porque son formatos que permiten el montaje entre la imagen visual y la palabra. Porque no pretenden vendernos la fotografía como un fetiche.
No hay que confundirse con eso. Paolo Gasparini es un purista del lenguaje fotográfico. Lo que pasa es que también es un ideólogo de la fotografía. Por eso su obra siempre va más allá del icono, buscando el discurso. Logra imágenes extraordinarias, pero cuando fotografía algo es porque quiere decir algo más, no porque le parezca estar previendo una “buena imagen”.
Quiero decir, siempre hay algo que le interesa a Paolo y que está fuera de la imagen. Yo creo que a eso es a lo que él se refiere con el término “realidad”. Es el origen del discurso, es lo que debe ser dicho. Y para eso se necesita más que una fotografía. ¿Tal vez dos? Todo este libro –y no es la primera vez- está basado en la relación entre las fotografías; la relación de contigüidad, de incómoda vecindad entre las fotografías. Una fotografía se confirma con otra, redunda en la siguiente, se recuerda en la anterior. O niega a la otra o se niega a sí misma. O una fotografía es siempre diferente, es siempre otra.
Este libro está dedicado a México. Contiene imágenes tomadas durante más de treinta años, en distintas visitas, con diferentes propósitos. Y sin embargo tiene la consistencia de una mirada constante sobre una realidad persistente. Puede ser porque, como sugiere Juan Villoro, hay algo inmutable en este escenario, pero también puede ser porque el libro resume las obsesiones del autor: la realidad, la imagen, la política, la muerte. La vida como espectáculo. La humanidad como enigma.







Portada de El suplicante. (Detalle)

El volumen reúne cerca de 250 imágenes en más de 200 páginas. Tiene una introducción del propio Gasparini, titulada “Imágenes del pensamiento”, que cuenta el origen y el proceso que ha tenido este proyecto, y de paso ilustra sobre algunos de los principios estéticos y políticos que rigen su trabajo. Un ensayo de Juan Villoro, titulado Carnaval y Apocalipsis, hace una  lectura muy actual y aguda de la historia y la realidad mexicana en la época “post 68”. Como colofón está otro ensayo de Villoro: Letanías del polvo. Viaje a México, cuyo texto, desolado y melancólico, es leído por el escritor como parte de la banda sonora del video que acompaña al libro.
En ese video se percibe de manera más concentrada la imagen del viaje, que es lo que en el fondo parece conectar todas las partes de este proyecto, en el que la Ciudad de México, Chiapas, Chihuahua, Oaxaca o Baja California parecen algunas de las coordenadas de un mapa vivo. El resultado es un discurso con una doble perspectiva, casi especular: de un lado la figura del viajero –más cerca del exiliado que del turista- del otro lado el territorio, la gente y el polvo.
Pero también El suplicante está lleno de referencias no fotográficas, atravesado por voces diversas, por citas más o menos explícitas, por subtextos y por evocaciones que van de la tragedia griega a la poesía de Apollinaire, de la prosa de Juan Villoro a las canciones de Cuco Sánchez, del graffiti clandestino al slogan comercial, de la súplica a la ironía.
El título del libro fue tomado de un graffiti fotografiado por Paolo Gasparini en la ciudad de México. A mí me recuerda el título de una tragedia de Esquilo (Las suplicantes) con la que me identifico especialmente por el tema del destierro y la opción de cambiar los dioses propios por extraños. En la imagen de Gasparini, el muro escrito es como el altar de un mundo donde los dioses no siempre escuchan, y no siempre hablan el mismo idioma.
Toda esta densidad concuerda con el tono épico que tiene el discurso de Gasparini. Su obra parece surgir de la fascinación por la historia y por el drama. Y ahí también está el origen de la epopeya: cuando la historia se dice como poesía.
Cuando llegué al final de El suplicante sentí que estaba otra vez ante una declaración sobre la fotografía, como lenguaje absorto en lo histórico tanto como en lo estético, de lo que daría fe su combinación de artificio y erotismo, su ubicación entre la belleza y el vacío, o entre la seducción y el abandono.
Paolo Gasparini es un fotógrafo moderno obsesionado por un mundo que está al margen de la modernidad. Un mundo para el cual la modernidad es solamente ilusión, representación y atrezzo. Tal vez la postmodernidad latinoamericana no sea tanto una crisis de la modernidad como una crisis de la ilusión de modernidad que trató de imponerse desde finales del siglo XIX. Fotógrafos como Paolo Gasparini (y no hay muchos) aportan la representación de un mundo que no es confortable, ni glamoroso, ni pintoresco y en donde la belleza se sostiene en la contradicción y la angustia.  En las fotografías de Paolo Gasparini la soledad parece la primera consecuencia de la belleza.
Me resulta difícil entender la postmodernidad como crisis de la modernidad porque creo que la modernidad es la crisis. Si Paolo Gasparini me parece uno de los fotógrafos que asume con más plenitud el espíritu de una postmodernidad latinoamericana (es decir, el espíritu de nuestra crisis redundante) es porque es uno de los que ha asumido con más conciencia una definición de la fotografía como crisis de la realidad.

1 comentario:

Teresita dijo...

"a menos que las palabras sean puras tonterias", me encanta la frase del fotógrafo, concuerdo con ellas. Me gustaria ver el libro, tal vez algun dia... pero estas pocas fotos son buenas referentes....