martes, 4 de enero de 2011

Emplazamiento y tráfico. Cinco autores mexicanos


Mayte de la Torre. De la serie Cuerpo en construcción. 2009-2010


En el año 2009 la artista Mayte de la Torre comenzó un proyecto fotográfico, titulado Cuerpo en construcción, que consistía en fotografiarse desnuda en lugares públicos, específicamente en sitios donde se estaban realizando trabajos de construcción o remodelación, dentro del espacio urbano. Se trata de un proyecto basado en la relación entre el cuerpo y el lugar, que parte de una situación de no pertenencia –diría, incluso, de impertinencia- que reproduce metafóricamente la tensión entre emplazamiento y desplazamiento, tal como he tratado de resumirla en un ensayo anterior. La presencia de este cuerpo desnudo en el lugar tiene implicaciones obvias de intrusión, de desarraigo y de obstrucción, que le dan un sentido gestual, casi performático, a lo que, más que una pose, podría ser visto como un proceso de intervención. En tanto intervención, este proyecto puede ser interpretado también como un gesto de apropiación o incluso de colonización de un lugar, pasando por el inevitable proceso de resemantización del sitio.
Si Mayte puede ser vista como intrusa en esta relación con el lugar, es también porque parte de revertir su propio estatus como transeúnte. Y sin embargo, las fotos siguen induciendo a una sensación de que la presencia de la persona es transitoria y efímera. Es la presencia y no el cuerpo de la mujer, lo que se percibe como frágil y como débil, con lo que tiene de fantasmal o de onírico, en muchas de las fotos. En eso influye el hecho de que hay una situación de deslocalización, de desplazamiento psicológico, de desterritorialización y de extrañamiento, que tiene también una dosis de dramatismo no desdeñable.
Asistimos, por lo demás, a una puesta en escena de la exposición y el riesgo del propio cuerpo, que se justifica como un posicionamiento, no sólo territorial, sino también político. Para entender ese posicionamiento, no está de más atender al modo en que la propia autora plantea las premisas conceptuales del proyecto:
Quiero con esta acción transgredir el espacio cotidiano cargado de violencia. Quiero situar mi cuerpo en un aparente estado de vulnerabilidad, arrojarme a la ciudad para exponerme a las miradas y revertir el fenómeno de agresión y peligro.

Gabriel Orozco. Hasta encontrar otra Schwalbe amarilla. 1995. Detalle



En 1995 Gabriel Orozco realizó una acción de la que resultó una de sus piezas fotográficas más dinámicas y complejas. La acción consistió en desplazarse por las calles de Berlín, conduciendo una motocicleta de marca Schwalbe y de color amarillo y estacionarla en cada lugar donde encontraba una motocicleta con iguales características. En cada sitio, Orozco fotografiaba ambas motos, una junto a la otra, antes de continuar su recorrido, proponiendo una parabólica relación entre original y réplica, de la que resulta una noción de “doble” no carente de humor.
La parte fotográfica de la obra consistió en una instalación en la que se montaban, en forma de mosaico, las 40 fotografías resultantes, con el título Hasta encontrar otra Schwalbe amarilla. Un título, por cierto, que alude más al proceso del desplazamiento y la búsqueda que al resultado fotográfico. En consecuencia, todo el planteamiento conceptual de la obra obliga a pensar el acto fotográfico como subsumido en la idea misma del desplazamiento, la fragmentación y una dinámica espacio-temporal azarosa y, sin embargo, precisa o, digamos, puntual, pues todo el tiempo el autor sabía qué es lo que quería fotografiar y en qué condiciones.
Esta obra de Gabriel Orozco ha sido comentada usualmente desde sus implicaciones políticas, ya que estas motocicletas fueron comunes en Alemania del Este a partir de la década de 1960. El recorrido de Orozco es interpretado así como una especie de mapeo que reconfigura metafóricamente un territorio que estuvo marcado durante décadas por las circunstancias de la geopolítica.
A mí me interesa enfatizar la idea del desplazamiento como proceso en el que se complementan los sentidos del tránsito con los del tráfico. Andar en moto por la ciudad tiene que ver con el tránsito, pero transportar una moto de un lugar a otro, tiene que ver con el tráfico, con el trasiego y con el intercambio (esa idea del intercambio posible, persiste porque no deja de inquietarme la irónica posibilidad de que en algún momento el artista haya partido en la motocicleta equivocada, después de tomar la foto). De modo que el tránsito y el tráfico pasan a ser aquí las premisas para el acto fotográfico y determinan sus resultados: representaciones que parecen comprimir el tiempo y el espacio, que parecen disolver los límites físicos de los lugares, que parecen desestabilizar cualquier percepción totalitaria y estática de lo real.[1]

[1] No puedo evitar recordar la serie La Venus se fue de juerga, que realizara Nacho López en 1953, y que, con toda justificación, puede ser entendida como basada en esa lógica del desplazamiento, el tránsito y el tráfico, llevando la provocación, la intervención y la circulación por el espacio urbano al rango de gesto y de discurso.

Eugenia Gudiño. Casas para llevar. 2005. Detalle


Hay dos obras de Eugenia Gudiño que la confirman como una artista especialmente atraída por esta combinación entre proceso y representación, en el contexto del tránsito y el tráfico. La primera es una acción realizada en el aeropuerto de la Ciudad de México, en el año 2005, de la que resultó una serie de fotos titulada Casas para llevar. La acción consistía en interrogar a pasajeros que transitaban por el aeropuerto y pedirles que mostraran algún objeto con el que viajaran y que les recordara su propia casa. Mostrando ese objeto eran fotografiados, en una interesante combinación de retrato y exhibición de ese objeto-reliquia u objeto-fetiche, que devenía una suerte de sinécdoque, con la que se representaba el hogar y el lugar de origen.
La fotografías se complementaban con información sobre los sujetos fotografiados y las circunstancias de cada viaje. La idea del tránsito venía asociada aquí a la relación afectiva con las cosas y con el lugar de origen, tanto como a la insinuación del desarraigo del pasajero y de esa especie de deslocalización o abstracción del lugar de tránsito que es el aeropuerto.
La segunda obra fue realizada durante la estancia de Eugenia Gudiño en Alemania. Allí hizo varias acciones que tenían como centro la basura y la relación entre los desechos y la identidad de los sujetos, especialmente en lo que concernía a la propia identidad de la autora, extranjera hasta el punto de no tener desechos propios. La serie Montaña azul, documenta la apropiación, el acarreo y la acumulación de desechos inorgánicos (material de plástico, papel, poliespuma y otros) que la artista transportaba hacia su propia casa, en otra variante de tránsito y tráfico urbano, que era también una metáfora del desarraigo, el viaje y la no pertenencia. Parte del proceso en esta obra es esa especie de instalación-intervención que la autora hace en su propia habitación y que trastorna la relación entre lo propio y lo ajeno o entre el espacio público y el privado.

Mauricio Alejo. De la serie Aeropuerto. Passenger 121. 1999


La serie Aeropuerto (1999), de Mauricio Alejo, también planteaba un cuestionamiento de las identidades en el espacio de tránsito de los aeropuertos, pero en ese caso las identidades eran relacionadas con los dispositivos de vigilancia y de control. La serie se compone de fotografías tomadas a las pantallas de los aparatos de Rayos X, por donde pasan los equipajes de los pasajeros. Así la mirada del fotógrafo reproduce la mirada de los policías, creando un doble efecto, de redundancia y subversión.
Estas fotografías de Mauricio Alejo no son muy espectaculares, ni formal, ni técnicamente. Más bien lo interesante es el modo en que la forma tiende a disolverse, en un proceso que parece equivalente a la disolución de las identidades sometidas al escrutinio. Al respecto vale la pena citar una frase de Marc Augé, que siempre recuerdo al mirar esa serie de fotos: “En cierto modo, el usuario del no lugar siempre está obligado a probar su inocencia. El control a priori o a posteriori de la identidad y del contrato coloca el espacio del consumo contemporáneo bajo el signo del no lugar: sólo se accede a él en estado de inocencia.”

Omar Gámez. De la serie Bareback. 2005-2006


Entre 2005 y 2006 Omar Gámez hizo una serie de retratos a sujetos que había localizado por medio del Internet, accediendo a sitios de encuentros utilizados para contactos gays. La serie se tituló Bareback, un término que en el argot del medio gay alude al sexo casual sin condón.
Omar Gámez enfatiza la cualidad estética de los retratos, calificándolos como “un abanico de atmósferas que se despliega hacia el deseo contenido, la desesperanza y el vacío”. Puede interpretarse a partir de ahí que al autor sigue interesándole más el resultado obtenido por su cualidad iconográfica y simbólica. Sin embargo, a mí siempre me llamó la atención que, para realizar esta obra, el autor empleó muchas horas de comunicación virtual (por medio del chat y el correo electrónico básicamente), con lo que se creó, no solamente una documentación del proceso previo a la obra en sí, sino una situación textual que puede ser considerada parte de la obra y no un simple preámbulo.
Este es el tipo de proyecto que ilustra la tensión usual, en la fotografía contemporánea, entre la idea de representación, como concreción de una objetividad iconográfica, y la idea de proceso, como performatividad que precede y rebasa al icono, y que nunca se ajusta ni se limita al icono.
Esa tensión está presente en todas las obras que he comentado anteriormente; la peculiaridad en este caso es que involucra la circulación de textos e imágenes por medio del Internet. Pudiéramos decir que involucra, en última instancia, la construcción de una situación comunicativa, que es también la representación de una situación de intercambio (tráfico) y contacto, acudiendo a los medios electrónicos de comunicación y representación.
El lugar ambiguo que ocupa esta situación previa en relación con lo que es considerado por el mismo autor como el resultado definitivo del proyecto, hace que Bareback se distinga de otros trabajos realizados con más clara intención de explotar el Internet como soporte, canal y escenario de la representación. Y a pesar de eso, o precisamente por eso, me parece un buen ejemplo de cuanto interviene hoy día el espacio de la comunicación y el contacto virtual en la elaboración de los procesos de representación figurativa, sobre todo los de índole fotográfica.
En todo caso, Bareback llama la atención sobre las nuevas variantes para la transferencia de la imagen desde el ámbito privado al ámbito público, y sobre el impacto del Internet y las llamadas “redes sociales” en los nuevos modos de circulación, intercambio y tráfico de la imagen. Asociadas a estas variantes de desplazamiento de la imagen tendríamos que ver también otras modalidades de ficción, reconstrucción y debilitamiento de la identidad en los medios contemporáneos, en lo que sería una combinación ejemplar de identidad y anonimato.












Nacho López. La Venus se fue de juerga. 1953

1 comentario:

Julio dijo...

Tenía ya mucho tiempo esperando este texto.

Valió la pena esperar tanto.

PS: te molestaria si intentara hacer una traduccion al ingles de este escrito?