miércoles, 5 de enero de 2011

Reseña de la exposición Experiencia y sospecha


Fernando Escárcega. La ciudad en construcción. 2009
En diciembre se inauguró la exposición Experiencia y sospecha en el Centro de la Imagen (México, DF), con obras de 10 fotógrafos que participaron en el Seminario de Fotografía Contemporánea de 2009. Es una buena oportunidad para conocer el trabajo de estos fotógrafos jóvenes y saber cuáles son los proyectos que estaban desarrollando hace un año, cuando terminó el seminario.
En el grupo se nota el equilibrio entre los que se inclinan por la fotografía documental, con un interés más antropológico que político (Eunice Adorno, José Ramón Estrada, Marcel Rius, Roberto Ramírez, Marcia Valverde) y los que buscan escenificaciones que juegan con los presupuestos realistas de la fotografía (Nika Milano, Fernando Escárcega, Flor Rosmoser). Los otros dos autores (Jaime Martínez y Gabriela Prado) se enfrascaron en sendos intentos de rebasar o, por lo menos, problematizar, los límites convencionales del lenguaje fotográfico. Jaime lo hace mediante la secuencia de imágenes fijas que generan la ilusión de movimiento, con formatos concebidos originalmente para la web, mientras Gabriela acude a procesos performáticos e incluye un video en su presentación.
Fernando Escárcega es una de las personalidades más fuertes de ese grupo. Aunque todavía se dispersa un poco y cuesta trabajo asociarlo con un proyecto en particular, tiene una identidad muy bien definida y una sensibilidad que lo inclina hacia lo espectacular, la ficción y lo que Balzac llamaba la fashion exánime. Su serie La ciudad en construcción es todavía un proyecto inmaduro y poco consistente como conjunto. Sin embargo contiene piezas que resaltan individualmente. Para una exposición como esta, yo hubiera escogido su serie La otra familia, que me parece más concentrada en el tema y con una iconografía más rica en matices.


Eunice Adorno. El baile del norte al sur. 2009

Las fotos de Eunice Adorno son muy buenas. Ella es una excelente documentalista, como Marcel Rius y José Ramón Estrada, pero con mucha mayor concentración en el momento de investigar el tema o de involucrarse con lo y los fotografiado(s). Y con mucha más fortuna para combinar el instinto con la inteligencia a la hora de atrapar una buena foto, pues José Ramón depende más del instinto (lo que antes llamaban “el buen ojo”), mientras Marcel depende más de la inteligencia, lo cual lo acerca más a un proceso conceptual.
Eunice además es muy prolífica. Seleccionar para esta exhibición unas pocas fotos de su serie El baile del norte al sur debe haber sido todo un reto ante la cantidad de imágenes disponibles. Y por eso mismo me siento insatisfecho ante el poco realce que tienen las fotos en la sala de exposiciones. Vamos, en la pantalla de mi computadora siguen viéndose más interesantes. ¿Habrá sido demasiado tímida la selección? ¿Necesitarán más espacio estas fotografías, para lucir toda su potencia como íconos? ¿Será que estamos ante el tipo de imagen que funciona mejor en la intimidad, con formato de libro, por ejemplo, para que el documento adquiera la dimensión personal que la historia le ha arrebatado? ¿Será incluso que necesitan del texto escrito para que su constitución como relato sea más eficiente?
La foto de Roberto Ramírez, de la serie Perdido en lo cotidiano (un día cualquiera) es un magnífico retrato, con una utilización muy eficiente de las luces y el color. Es una foto con atmósfera, que transmite muy bien ese sentido de intimidad del espacio y de introspección del sujeto, que parece interesarle al autor. Lástima que esté aislada del resto de la serie, porque el proyecto es interesante y una foto sola no siempre se justifica a sí misma. Y lástima que la impresión no sea impecable. A mí, por lo menos, no me causó muy buena impresión.
Siempre confié en el proyecto de José Ramón, y lo que presentó no me sorprendió en ningún aspecto. Las fotos en la sala responden a lo que él tenía previsto. No es un fotógrafo pretencioso, y la amabilidad de su trabajo se corresponde con la afabilidad de su persona. Los formatos de las impresiones funcionan muy bien y el tema es mucho más interesante de lo que parece a primera vista. Las fotos son suficientemente explícitas y expresivas, sin dejar de tener cierto misterio. Y eso es algo importante, porque las representaciones funcionan por sí mismas, sin necesidad de explicaciones. Todo lo que uno necesita es relacionarse con las imágenes. Supongo que a eso podrían aspirar muchos de los fotógrafos contemporáneos que conocemos.

Nika Milano. Solaz. 2007

La foto de Nika Milano es interesante, y me consta que ha tenido que trabajar muy duro para llegar a este resultado. Sin embargo, después de la primera mirada, siempre engañosa, me pareció una representación fría, excesivamente calculada y no muy original, que únicamente pudiera salvarse por ese atisbo de ironía y de coqueteo falaz que aparece justo cuando desviamos la vista. Tal vez eso sea lo mejor que tiene esta foto: nos deja con la sensación de que hay algo ahí que sólo puede ser visto con el rabillo del ojo. Fuera de eso, Solaz se ve como la propuesta de una estudiante. Y de una estudiante, además, que quiere ser aprobada. Es demasiado correcta. Está demasiado controlada. Se parece demasiado a cosas que ya hemos visto. Y a pesar de todo esto, yo disfruto mirar las fotos de Nika, porque presiento en ellas una vitalidad que está más allá de la corrección fotográfica.
El proyecto de Marcel Rius está cerrado y es impecable, tanto en lo formal como en lo conceptual. Por eso lastima que no funcione mejor en el espacio museográfico. Puede parecer trivial, pero desde el principio me incomodó que una parte de la serie se hubiera organizado en la exhibición a partir de la relación entre las fotos de los personajes disfrazados y las de los mismos personajes sin disfraz, mientras que otras imágenes con un tema similar no tienen en cuenta esa lógica. Da la impresión de que son dos proyectos diferentes y de que ninguno de los dos se desarrolla plenamente. De hecho, el problema no sería que fueran dos proyectos distintos o dos variantes del mismo proyecto, el problema es que no deberían mostrarse juntos en un espacio tan reducido. Entre otras cosas, eso es injusto con el autor, pues su trabajo es de los más consistentes en este conjunto. Parece que, buscando aprovechar el poco espacio disponible, tuvo que ignorarse la sutil diferencia entre una opción y la otra.
La presentación de Gabriela Prado es la única que incorpora el video dentro de la exposición. Yo mismo sugerí en algún momento que esa sería una buena opción. Pero el resultado no es bueno. El video no logra concretarse como un medio autónomo, que habla por sí mismo y que saca el mejor partido de su especificidad como lenguaje. Es curioso porque las mejores imágenes del video yo las disfruté como imágenes “fotográficas”, pero eso no es lo que se espera de un video. El proyecto de Gabriela es performático y tiene una dinámica que rebasa lo fotográfico, pero eso se aprecia mejor en la relación entre fotos y textos. Los textos que narran los procesos que dieron origen a las fotos son suficientes para remarcar su carácter procesal, para definir una circunstancia de origen y una circunstancia de lectura. En ese contexto las fotos no se ven muy interesantes que digamos, pero eso no me molesta en lo más mínimo. Pudieran ser fotos grandes e impactantes como estructuras formales, pero entonces no necesitarían de esos textos. Uno lee las fichas y ve las fotos y se imagina una historia (la historia de la foto que, curiosamente, es más interesante que la foto misma). Y eso le da coherencia a la pieza. Luego uno ve los videos y se da cuenta de que ni siquiera cuentan una historia. Ya sabemos que un video no está obligado a ser narrativo, pero tampoco tiene por qué ser aburrido. De todas formas me parece que al tener en cuenta la opción del video, Gabriela está preparando el terreno para exploraciones que en el futuro pueden serle de mucho provecho.
Las animaciones en formato gif, de Jaime Martínez, cumplen bien su función de inquietar al espectador, mediante la monotonía , la aparente ausencia de argumento y la reiteración del ciclo, de recurrencia casi hipnótica. En esas obras, presentadas bajo el título Twin Sister, no solamente se manipula la circunstancia espacio-temporal de la imagen, sino las condiciones de percepción a que se ve sometido el espectador. Ambos efectos provienen de una serie de desplazamientos físicos e imaginarios, que contienen implícito un comentario sobre los soportes técnico-expresivos de las representaciones. Aunque la selección para la muestra prioriza las piezas más lacónicas, yo prefiero otras con las que este autor genera estructuras semánticas mucho más abiertas y sugerentes.
La obra de Flor Rosmoser no me gustó. Sobre todo esa foto de la mujer en primer plano con sangre en los muslos. No sólo por su falta de originalidad, sino porque parece no haberse esforzado por ir más allá. Las referencias a obras de Gerardo Montiel o de Rineke Dijkstra pesan demasiado y no parecen justificadas. Por otra parte, creo que un tema como la violencia de género, en el que se basa el proyecto de Rosmoser, exige a estas alturas abordajes más enérgicos y representaciones menos frívolas.
También quedé impasible ante los retratos de Marcia Valverde. Son lugares comunes: torsos desnudos, tatuajes, fondos blancos, personajes poco expresivos, formatos de paisaje. No percibo nada ahí que me conmueva ni que me intrigue. No hay estímulos para el placer ni para el juego intelectual. Son retratos demasiado explícitos, y tratándose de retratos eso es ya una redundancia.
En general, lo que se ve es bastante aceptable, correcto y predecible. La mayoría de los autores se ha esforzado por hacer buenas fotos. Tal vez no todos lo lograron, pero eso no contradice en nada su deseo de respetar los paradigmas técnico-estéticos que rigen la práctica fotográfica contemporánea, y no solamente en México. Una pregunta que queda pendiente es si realmente eso es lo que debe esperarse de un proyecto que se enmarque en la pedagogía contemporánea del arte, lo cual nos llevaría a discutir la relación entre la exposición, como proyecto curatorial, y el Seminario de Fotografía Contemporánea, como proyecto docente. Tal vez valga la pena abordar ese tema en otro artículo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Digamos que en mi opinión diste en el clavo en muchas de las opiniones descritas en tu reseña, pero como todos sabemos no dejan de ser "opiniones"

Gracias por tu tiempo y comentarios.

Marcel

jose ramon dijo...

Que tal Juan:

Un gusto como siempre leer tus comentarios y reflexiones, lo que considero un ejercicio indispensable y necesario.

Gracias y Saludos

Jose Ramon.