jueves, 9 de diciembre de 2010

Estar ahí. La vida a través de la muerte: Fotografías de Janelle Lynch



Janelle Lynch. De la serie Common Grave. 2007


…la inmortalidad no es un don,
la inmortalidad es un logro;
y sólo quienes se esfuerzan extremadamente
conseguirán obtenerla.
Edgar Lee Master
“El ateo del pueblo”. Antología de Spoon River
Fotografías de espacios que no necesariamente son paisajes. Fotografías de lugares que no solamente remiten al espacio. Esa es la ambigüedad fundamental del trabajo de Janelle Lynch. Esa ambigüedad hace prolífica la interpretación y hace grata la percepción de las fotos.
De todas sus series, la más paisajística es Riu Llobregat. Pero la mayoría de las fotos se concentran en la fuerza de los planos medios, que acercan el horizonte, recortan la perspectiva y obligan a sentir el espacio como algo detenido en una proximidad hipnótica.
El principal efecto psicológico que tienen las fotos de Janelle Lynch es que hacen sentir al espectador que está ahí, en el lugar. Tal vez ese estar ahí, con sus restricciones de tiempo y espacio, es lo que hace tan consistente esa definición de lo fotografiado como un lugar, más que como un paisaje. Todas las implicaciones afectivas que tienen estos trabajos: soledad, melancolía, ausencia, pérdida, se refuerzan con esa sensación de estar ahí, que convierte la experiencia de ver la foto en algo fuertemente vivencial. Y tal vez de eso provenga también esa inquietante sospecha de que hay muchas presencias en esos lugares que aparecen tan fuertemente impregnados de ausencias. Esas presencias imaginadas pudieran ser los remanentes de otros que estuvieron ahí antes que nosotros, o pudieran ser los dobles de nuestra propia presencia convertida en fantasía.
Common Grave es la serie en donde estas implicaciones se hacen más evidentes porque ahí la alusión a la muerte es más explícita. Pero una serie como El jardín de juegos, que en principio no debería tener ninguna referencia luctuosa, remite igualmente a una imagen póstuma, como si los objetos ahí fotografiados hubieran sido abandonados irremisiblemente, como si durante mucho tiempo hubieran permanecido intocados o como si ya nunca fueran a regresar los niños que ahí jugaron en algún momento.
El concepto de ruina es el que parece persistir en toda la obra de Janelle Lynch y es lo que da sentido a la reconfiguración espacio-temporal de los temas fotografiados. Los aparatos fotografiados en El jardín de juegos son como ruinas, el sitio de las tumbas cubiertas por la maleza, en Common Grave, es también un sitio ruinoso, los restos del muelle en las fotos de River, son vetustos y depauperados. En esa serie se aprecia cómo lo viejo adquiere una cualidad novedosa al ser representado con ese tono nostálgico e íntimo que Lynch da a todos sus trabajos.
Por eso siento que las fotos de Janelle Lynch hablan de la vida a través de la muerte. Y digo “hablan” con toda premeditación, porque después de varios recorridos imaginarios por esos lugares fotografiados, la sensación que persiste en mí es la de que hay una densidad narrativa, además de poética, en todas esas representaciones. Probablemente eso es lo que me ha llevado a asociar mi percepción de estas imágenes con referentes literarios tan específicos como los poemas de la Antología de Spoon River, por ejemplo. Fue mirando las fotos de Janelle Lynch que revisité esos poemas desde la intuición de su tremenda potencia visual y descriptiva. Y es desde la lectura de esos poemas que vuelvo a las fotos en cuestión, presintiendo su potencia narrativa.
Se ha dicho que más allá de la identidad de los personajes de Spoon River, lo que importa es la manera en que cada uno narra, después de su muerte, el drama personal que constituyó el argumento de su vida. Ese drama tendría que ver con las oposiciones y las conciliaciones entre diferentes valores, entre sentimientos y universos simbólicos variados, entre circunstancias biográficas e históricas (la madeja de casualidades con que se entrelaza eso que llamamos destino). Yo sospecho que esos dramas no los veríamos de manera tan intensa y tan particularmente concentrada, si no estuvieran enmarcados con tanta vitalidad (o con tanta visibilidad) en un lugar: el espacio ominoso, estéril y abandonado de Spoon River. Así, básicamente, lo que transita por toda esta monumental obra poética es el drama de la relación trágica entre las personas y el lugar que los vio nacer, o que los ve morir la misma muerte, una y otra vez.
Ese lugar no es el pueblo, sino su cementerio; el sitio propicio para sentir la tesitura áspera del abandono. Yo me represento el cementerio de Spoon River como un lugar de sepulturas sepultadas, ruinas dejadas atrás en medio de una fuga. Y lo imagino con más nitidez después de ver las fotos de Janelle Lynch. Esas fotos me hacen constatar otra vez que la memoria está llena de fantasmas, insistentes, impertinentes y que se resisten a ser olvidados. Pero sobre todo, que se resisten a olvidar, porque saben que en ese esfuerzo radica el germen de la inmortalidad.

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