jueves, 5 de agosto de 2010

No temas ni truenos ni relámpagos. Ricardo Cuevas: el índice y la traición al texto


Ricardo Cuevas. No temas ni trueno ni relámpago, 2006 (detalle).

Estuve leyendo Frankenstein. Ya había olvidado todo el romanticismo de esa novela. Volví a ella porque estuve conversando con Ricardo Cuevas sobre un video que expuso en el Museo Carrillo Gil durante el mes de julio, dentro del proyecto Modo de empleo, que organizaron Ruth Estévez y Sarah Demeuse. El video se titula No temas ni trueno ni relámpago, y es una secuencia de personas leyendo un texto escrito en braile sobre las páginas de un libro con imágenes de paisajes. Lo que leen esas personas son algunos fragmentos de Frankenstein. Son pasajes que está asociados al viaje o a la peregrinación. Tampoco recordaba lo fuertemente que está encarnada la idea del tránsito en esa historia. Es una historia de pasajes y de paisajes porque también las descripciones del campo y de los lugares por donde pasa son muy espléndidas. Después de todo, Frankenstein es un tipo muy observador. Y ahí encuentro una de las ironías de la obra de Ricardo Cuevas, y es que las personas que leen el texto son ciegos, así que no pueden ver el paisaje que están recorriendo con los dedos. Pero como yo tampoco puedo leer el braile, creo que quedamos en igualdad de condiciones.

Esa no es la única obra de Ricardo en la que trabaja con ciegos. Hay otra que se titula Index. Criminal Offenses, en la que los ciegos leen un libro en braile, desde el índice, pero la página del índice está cubierta de grafito, así que al seguir leyendo , las personas van dejando su huella en las siguientes páginas. Según Ricardo ésta era una manera de aludir al Acta Patriótica, una ley que fue aprobada en Estados Unidos después del 11 de septiembre de 2001, y que autoriza al gobierno norteamericano a escuchar llamadas telefónicas, leer correos electrónicos e incluso revisar la lista de libros tomados en préstamo en las bibliotecas públicas por personas sospechosas de tener vínculos con el terrorismo. Aparte de esa manera sofisticada de aludir a una circunstancia política, esa obra me gusta porque la página negra tiene una calidad plástica muy atractiva (para los que pueden verla, por supuesto). Pero es una cualidad visual y táctil al mismo tiempo.

Que la gente vaya manchando el libro con sus dedos le da también un toque de vandalismo a esa obra. Algunas de las piezas anteriores de Ricardo tenían ese impulso: borrar parcialmente las páginas de un libro, sustraer y volver a colocar un libro de una biblioteca y cosas así. Otra de las claves de Index. Criminal Offenses es precisamente que la página del índice es la que está “grafiteada”, porque Ricardo quiere aludir literalmente al carácter indicial de su trabajo. Finalmente si el acto de leer se hace visible aquí es porque la gente va manchando el libro. Y además, si la identidad de los lectores queda al descubierto es porque ahí han dejado sus huellas digitales, lo cual es bueno para recordar que el índice es algo que no sólo sirve para señalar, sino también para acusar.

La discusión sobre el índice sigue estando presente en los estudios sobre semiótica de la fotografía. Lo que me gusta del trabajo de Ricardo Cuevas es que le da un sesgo político a ese tema, al mismo tiempo que impugna la confianza con la que la gente asume el realismo de las representaciones. Aunque esto no proviene de un análisis de imágenes fotográficas, en el fondo le ha servido a Ricardo todo el tiempo para cuestionar algunos de los lugares comunes de que está llena la teoría de la fotografía.








Ricardo Cuevas. Index. Criminal Offenses, 2008 (detalle)

Yo conocí a Ricardo Cuevas hace unas ocho o nueve años, durante un taller que impartí en el Centro de la Imagen. Desde entonces siento que el carácter ideológico de su obra lo distancia radicalmente de ser considerado simplemente como fotógrafo y, sin embargo, lo convierte en un artista muy apto para introducir una serie de temas polémicos que tienen que ver con el lenguaje de la fotografía. Aunque lo mejor de todo es que tienen que ver con el lenguaje en general.

Las dos piezas que te he comentado aquí (y pudiera mencionar otras) están basadas en el testimonio de la lectura y en la objetivación de la lectura en el gesto: la huella de los dedos, en Index..., y el sonido de la voz en No temas ni trueno ni relámpago. La relación entre el texto y la lectura pertenecen a la parte procesal de estas obras, que son ejemplos de textos que proponen o que imponen el modo en que deben ser leídos, que a su vez es como una puesta en escena, una interpretación o una actuación (una performance, en última instancia) del propio texto. Al decir eso no puedo evitar pensar que al fin y al cabo todo texto propone un modo de lectura particular, así que lo interesante está más bien en que Ricardo convierte eso en un dispositivo para el funcionamiento gestual e iconológico de sus obras.

Otro aspecto que siempre me llama la atención en el trabajo de Ricardo Cuevas es que la lectura (y la posibilidad de la reescritura) esconden siempre el germen de la traición al texto original, tanto como el germen de la ficción. Hay una componente narrativa y descriptiva en todo el proyecto artístico de Ricardo Cuevas, que hace que cada obra sea como el relato de su posibilidad, y que en ese relato encontremos también la imagen de su imposibilidad. Para mí eso no implica ninguna contradicción, porque siempre pienso que la ficción está implícita en la estructura misma de todo relato y ni siquiera tiene que ver con la veracidad de lo relatado.

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