domingo, 13 de junio de 2010

Encubrimientos (un atisbo de algo)


Sebastián Friedman. Souvenir.

1-Una historia ilustrada de la mentira
El término “encubrimientos”, usado como título de esta exposición, tiene tantas implicaciones políticas como poéticas. De hecho, puede suponerse que el uso de “encubrimientos” encubre una implicación política tras una poética. O viceversa.
Dos obras de esta exposición pudieran ilustrar perfectamente ese extremo en el cual el encubrimiento se exhibe como gesto político (en un caso) y el gesto político se descubre como simulacro (en el otro). Hablo de la pieza titulada Souvenir, de Sebastián Friedman, y del políptico de Cia de Foto, titulado Políticos.
La primera es una obra que invita a los espectadores a formar parte del acto fotográfico por medio de una escenificada usurpación de identidades. Sebastián Friedman ha recortado y montado unas siluetas en tamaño natural, dejando hueca la parte correspondiente a la cara, de manera que las personas pueden optar por tomarse una foto posando con su rostro a través de una silueta ajena. Esto es lo que se hace a veces en lugares turísticos con siluetas de personas famosas, celebridades del mundo del espectáculo o la política. Es un acto en el que la gente juega a exhibirse como quien no es, ironizando sobre su propia fantasía y vulgarizando el glamour de los famosos con su propio anonimato.
Friedman mantiene la ironía, pero invirtiendo su sentido, pues las siluetas utilizadas son de gente de las clases populares: pudieran ser obreros, sirvientas, desempleados o personas que vive en las calles. No es el tipo de gente que uno quisiera ser (literalmente, no queremos vernos en sus zapatos) y muchas veces es el tipo de gente que permanece invisible. La relación entre aspiración, deseo y posesión, implícita en la ficción de las identidades, se vuelve aquí también una relación política, casi pudiéramos decir que es una relación “políticamente incorrecta”. Al invitar al público de la exposición a fotografiarse con estas figuras, Friedman hace que esta relación política pase a conformar el lado pragmático de la obra, afectando la lógica de su consumo y sustituyéndola por una lógica de la participación. Lógica también invertida, pues si participar es tanto formar parte como tomar partido, en esta obra ambas opciones existen solamente como sendas ficciones.
La serie que presenta el colectivo Cia de Foto consiste en tres trípticos que muestran a diferentes candidatos a la alcaldía de Sao Paulo en distintos momentos de sus respectivas campañas. Cada tríptico aquí es en realidad una sola foto. Quiero decir, cada tríptico es la representación de un mismo sujeto, en una misma circunstancia de tiempo y espacio, solamente que tomado desde tres ángulos diferentes. Es un caso en que adquiere verdadera relevancia y provecho real la pluralidad con que grupos como Cia de Foto reconstruyen la figura del autor. A un autor multiplicado corresponde una foto multiplicada. Pero en este caso esa multiplicidad implica otras cosas: la multiplicidad de los puntos de vista y, en consecuencia la multiplicidad de las versiones de la realidad.
Tratándose de la actividad política, las versiones de la realidad se vuelven cruciales. Pero este trabajo de Cia de Foto no pretende cuestionar el modo en que el discurso político reconstruye la realidad, sino el modo en que el discurso fotográfico sostiene y legitima a las figuras políticas. En cada uno de los trípticos aparecen los fotógrafos de prensa trabajando alrededor del personaje, además hay una vista del personaje, tal como lo ven los fotógrafos (tal como serán mostrados al público de los medios, definitivamente) y por último, hay una vista no convencional, que niega y descubre la visión mediática. Lo que resulta, más que un conjunto de fotografías, es un concepto de fotografía, un concepto mediante el cual la fotografía se exhibe y se contesta a sí misma.
Estos dos ejemplos no son los únicos en esta exposición que me inducen a relacionar la idea de los “encubrimientos” con lo que he empezado a imaginar como una posible “historia ilustrada de la mentira”. Suponer una historia ilustrada de la mentira me lleva a recordar los conocidos Prolegómenos a una historia de la mentira, de Derrida. En ese discurso la historia de la mentira se relata como imposibilidad, tal vez por su carácter paradójico, en tanto historia de una construcción política de la verdad (y de la historia), pero sin dejar de conceder un peso bastante significativo a la función persuasiva y mitológica de la imagen en las sociedades actuales, tecnológica y mediáticamente dependientes. Por eso, al final, el escepticismo de Derrida no me convence. En todo caso me deja con la sospecha de que, si en algún momento se construye una historia de la mentira en las sociedades modernas, ésta será una historia ilustrada con fotografías.
Lo que puede tener de peculiar este planteamiento, en el contexto de una exposición como Encubrimientos, es el reconocer que ni la simulación, ni la ficción, ni la parodia son temas que conciernen exclusivamente a la fotografía latinoamericana. Eso a pesar de que hay condiciones locales en las que tales procedimientos parecen especialmente subversivos, sobre todo en países que no se distinguen por abordar su propia historia con mucho sentido del humor.

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