sábado, 6 de marzo de 2010

Marta María Pérez: Homenaje a Rodin





En el patio, bloques de mármol esperan la vida,
extraños por su forma y, según parece,
por su deseo de vivir.
Jules Renard
El 8 de marzo de 1891, Jules Renard visitó la casa de Auguste Rodin. Después, en su diario, ofreció una de las más intensas y apasionadas descripciones de la obra del escultor, a quien calificó como “escultor del dolor y la voluptuosidad”. Al menos un fragmento de esas notas me parece imprescindible para introducir al espectador en la más reciente obra de Marta María Pérez: “…la mujer agarrando a Adán, atrayéndolo hacia ella con todo su ser, y el Sátiro destripando a una mujer entre sus brazos, con una de sus manos entre los muslos, las oposiciones de pantorrillas de hombre y piernas de mujer…”
Marta María Pérez no había leído el diario de Renard cuando decidió volver sobre esa imagen de voluptuosidad, reelaborándola mediante esta especie de cópula mínima que ha dado lugar al video y la serie de fotos de su Homenaje a Rodin. Sin embargo, el texto está ahí, casi como argumento de esta coreografía que representa el juego de la seducción y el abandono, de la entrega y la posesión. El resultado es una danza que pone en escena las múltiples facetas del cortejo, mediante un cuerpo que se ha desdoblado o que se ha duplicado para exhibirse como carne que se desea a sí misma, como piel que se acaricia, y como tacto que se ofrece.
Esto, que la propia autora califica como un “divertimento”, es una pieza en la que el erotismo encuentra vías de expresión que Marta María no había explorado anteriormente con tanta frescura. Aquí la representación del cuerpo alude, con una elocuencia inédita, a una sexualidad liberada del peso de lo trascendental.
Más allá de este elemento subjetivo, el Homenaje a Rodin tiene características que lo convierten en una obra totalmente sui generis dentro de la fructífera carrera de Marta María Pérez. Por lo menos dos cosas saltan a la vista inmediatamente: una es la utilización del video y la otra es la utilización del color en las fotos.
El video se proyecta sobre un pedazo de mármol y lo convierte en una escultura que tiene movimiento (una piedra que desea vivir, diría Renard). El color en las fotos es casi una ironía, con la que Marta María amplifica el dramatismo (o tal vez el fetichismo implícito) de la seña erótica, al tiempo que parece decir: “ya sé, ya sé”.
Marta María Pérez es una de las más reconocidas fotógrafas contemporáneas en el panorama internacional. Es identificada generalmente por la peculiar figuración que ha trabajado durante varias décadas, mediante la representación de su propio cuerpo. La mitología afrocubana, la iconografía cristiana o la simbología del espiritismo han sido algunas de las más fuertes referencias dentro de la obra de esta artista. A esto añade, en Homenaje a Rodin, referencias al arte mismo y a la plenitud y el misterio de la experiencia estética, como experiencia del cuerpo y del espíritu.


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