martes, 5 de enero de 2010

El doble del Kremlin, por Anna Jermolaewa

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Anna Jermolaewa. De la serie Kremlin. 2008-2009
La serie Kremlin, de Anna Jermolaewa, es un elocuente ejemplo de construcción de un relato –siempre en el cruce entre realidad y ficción- a partir del diálogo entre un monumento y su réplica, lo que es decir, entre un espacio consagrado por la historia y un espacio trivializado por el consumo frívolo de las representaciones. En esta serie de fotos Jermolaewa combina fotografías del Kremlim y la Plaza Roja (un lugar que encarna como ningún otro el poder estatal y su presencia ceremonial, dice la misma autora) y fotografías del Kremlim Palace Hotel, en la ciudad de Antalya, en Turquía. El edificio turístico es calificado por la artista como un doppelgänger, algo así como un doble fantasmal, en el que se invierten todos los valores del original. Desde ese punto de vista el hotel pudiera verse como una especie de espejismo fútil en el que se desvanece, o por lo menos se contamina, el potencial simbólico que contiene el Kremlim todavía en la actualidad.
Anna Jermolaewa nació en Rusia y emigró por razones políticas a Viena, donde completó su formación como artista, así que esta serie de fotos puede muy bien ser interpretada como resultado de una mirada crítica sobre los símbolos difusos de la nacionalidad, desde una distancia marcada por la experiencia del exilio. Sin embargo, más allá de los referentes materiales y arquitectónicos de esa simbología, la obra llama la atención sobre los procesos subjetivos, afectivos o ideológicos, que convierten a esos referentes en algo maleable, reproducible, dramático y portátil. En general estos procesos deberían ser comentados desde la perspectiva que ofrecen los estudios de la cultura contemporánea, que han llamado la atención sobre la ubicuidad, la transitoriedad, la movilidad y la permutabilidad de los valores y las representaciones en las condiciones de la postmodernidad.
Aunque Anna Jermolaewa es principalmente conocida por su fructífera carrera como video artista, esta obra fotográfica encaja muy bien en el conjunto de su trabajo (de hecho existe también un video documental que complementa la serie de fotos). Pero lo importante es que en estas fotos se mantiene la conexión con lo que pudieran ser las principales tendencias de la autora: su interés en las conductas humanas, en las relaciones contradictorias entre los individuos y los grupos, así como en la localización de los espacios de interacción social.
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Anna Jermolaewa. De la serie Kremlin. 2008-2009
Esta obra de Anna Jermolaewa ayuda a entender el monumento en el cruce entre historicidad y estatismo. Pero también nos confronta con la ambigüedad entre la dimensión política del símbolo y la dimensión simbólica del espacio público. En tal sentido, el espacio público, marcado por el monumento, se representa, literalmente, como un “lugar común”. Lo que puede haber de irónico en este juego de palabras se corresponde bien con el toque de humor, siempre sutil, persistente en la obra de esta artista. Es un humor que proviene de una mirada en la que por momentos se revela una ironía afable, pero en la que a veces se descubre también un desencanto distante y sobrio.

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