miércoles, 11 de noviembre de 2009

José Carlos Jurado



En el momento en que un objeto se acerca y se hace inmediato, pierde su misterio. Esa pudiera ser una de las premisas del fotógrafo José Carlos Jurado, quien otorga un lugar fundamental a la contemplación en la realización de cada obra, pero convirtiendo la contemplación en un ejercicio que hace inaccesible lo observado. Mirando las fotos de José Carlos Jurado podemos llegar a sentir que hay un límite que no puede ser rebasado ni por el saber ni por la información, y que el acto de la contemplación conlleva la ubicación de lo contemplado en una especie de distancia o de lejanía aurática. La mirada, respetuosa y absorta, puede funcionar entonces como un instrumento de consagración, más que como un medio de conocimiento.
Los paisajes de José Carlos Jurado están más cercanos a lo abstracto que a lo descriptivo. Son fotos que ofrecen escasas claves de localización o identificación. En consecuencia, es casi inaudito en ese contexto cualquier relato que se salga de los límites que impone la representación. Con esas características, este trabajo difícilmente pudiera ser aceptado como un exponente típico de la fotografía mexicana contemporánea. De hecho, el tema de la pertenencia estricta a una cultura nacional o regional se vuelve poco relevante aquí, como no sea para llamar la atención sobre la pluralidad de referentes que resultan de los cruces culturales en las condiciones de la cultura visual contemporánea. Al respecto es un dato importante el hecho de que este autor haya realizado estudios tanto en academias de la Ciudad de México, como en Barcelona y en Osaka, combinando el estudio de la música con el de la fotografía y el cine. Así se entiende mejor el perfil poético y filosófico de su trabajo, concentrado en el complejo universo de las sensaciones. Se entiende también que entre sus influencias, Jurado mencione a Mishima junto con Rachmaninov, además de que, por el tema que trata, pudiéramos asociar su trabajo con el de un autor paradigmático como es Hiroshi Sujimoto.
José Carlos Jurado aspira a que sus representaciones de paisajes marinos evoquen el sonido del mar. "Más que un fotógrafo -plantea al definir su obra- me considero un amante de los sonidos de la naturaleza". La complejidad de esa reelaboración estética se advierte también en su deseo de presentar su trabajo fotográfico como una "sinfonía abstracta", en la que se mezclen sonidos e imágenes de la cultura occidental y oriental con evocaciones de su tierra natal. La paradoja de ese proyecto radica en que una sugerencia del universo sonoro deriva en una propuesta de la contemplación como forma silenciosa de absorber la realidad en la imagen.
Pudiéramos decir que en la obra de este artista el silencio es una variante del sonido. Así se entiende que, al presentar su portafolio, titulado En lo más frío de la noche, Jurado nos invite a "escuchar el mutismo del mar". Estas obras, realizadas con elegancia e inteligencia, provocan una especie de recogimiento, que deja intacto el misterio y que, por un momento, hace que el espectador se sienta poseído por un sentimiento placentero de soledad y melancolía.

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