miércoles, 9 de septiembre de 2009

Del baño de Hitler al baño de Frida (primera parte)

Acabo de ver un par de fotos de Lee Miller tomando un baño en la tina de Hitler. Al fondo, a la izquierda, hay un retrato que pudiera ser del propio Hitler, aunque no puedo asegurarlo. El cuerpo de la mujer en la tina, junto con el retrato, las botas sucias en el piso y la estatuilla femenina sobre la mesa, parecen en general los atrezzos de una escena surrealista, algo, por cierto, con lo que Lee Miller siempre tuvo afinidad. Me parece irónico que la imagen del “gran dictador” termine asistiendo al baño de Lee Miller. Y me parece una ironía con un sesgo político, porque también ayuda a demostrar que las imágenes de los dictadores siempre terminan siendo ridículas y cómicas.

LeeMillersneaksabathinHitlersapartm

Miro las fotos y me pregunto cómo la calificarían los historiadores. Para los más ortodoxos seguramente se trata de una foto documental. Algunos, con un poco más de imaginación, podrían subrayar el tono medio surrealista de la escena y sugerir la posible colaboración de la persona fotografiada con el fotógrafo. Los más audaces podrían concluir que no hay contradicción entre lo documental y lo surrealista, algo con lo que yo estaría de acuerdo. Pero ninguna de esas interpretaciones responde verdaderamente a las preguntas que me vienen a la mente: ¿Quién hizo las fotos? ¿Qué hacía esa persona metida en el baño junto con Lee Miller? ¿Qué relación tenían? ¿Cómo colaboraron para la toma de las fotos? ¿Cuán espontáneas o estudiadas fueron las tomas? ¿Qué influencia tuvo la propia Lee Miller en las decisiones formales?

lee Miller en la tina de hitler

Esto último me parece importante porque todo el tiempo mantengo la sensación de que Lee Miller, a pesar de ser la persona fotografiada, es igualmente la autora de las fotos. Y no porque crea que se trata de un “autorretrato”, sino porque creo que ella es la que está dirigiendo todo el acto fotográfico. Por otra parte, las demás preguntas provienen de una curiosidad que no deja de ser morbosa. Porque el nivel de intimidad que implica esta toma me hace sospechar que hay un goce compartido entre la persona que mira y la persona que expone su cuerpo a la mirada. Bueno, tal vez digo eso porque en realidad en este momento la persona que mira soy yo mismo, y son mi goce y mi deseo los que encuentran eco en la foto.

Bibi durante nuestro viaje de novios, 1919

Me gustó descubrir esas fotos porque últimamente ando obsesionado con este retrato que tomó Lartigue de su novia Bibí, en 1919. Más allá de mis posibles fetichismos, que tal vez no sean relevantes ahora, la foto de Lartigue me ha servido para entender hasta qué punto la fotografía funciona para romper los límites entre lo público y lo privado. Ahora miro las dos fotos juntas y se me antoja hacer una colección de imágenes de baños.

Y eso me lleva a otro tema que también me interesa desde hace tiempo: la obra de Graciela Iturbide. Pero de eso te hablo otro día.

1 comentario:

La china fuera de la CAJA dijo...

Me encantan las fotos en los baños, no lo puedo evitar, las escenas de películas en los baños, los cuentos que transcurren en la "intimidad" de un baño público...
Deberías hacer esa colección de fotos de baños!!!!!
Buen blog,
Saludos dede Madrid

Lien