domingo, 26 de julio de 2009

Cildo meireles en el MUAC



Caminar sobre los vidrios de la instalación A través, de Cildo Meireles, no fue lo más arriesgado que hice este fin de semana. Sin embargo ha sido una de las maneras más comprometidas de relacionarme con una obra de arte en los últimos tiempos. Esa instalación reúne dos de los temas que más me han interesado últimamente: el arte como forma de participación y el arte como ejercicio de riesgo. Por eso, en la exposición del MUAC, ésa obra, junto con Fontes, está entre las que más disfruté. Las dos son instalaciones que te obligan a recorrerlas y a vivirlas, más que a verlas. Además de que toda esa experiencia va involucrando otros elementos sensoriales, como el tacto y la parte sonora, que también es una variable que va siendo modificada por uno mismo.
Otra obra que me gustó mucho fue Desvío al rojo. Pero no fue tanto la parte del cuarto principal, que reconstruye una habitación real, donde todas las cosas son rojas. Eso es lindo y te hace sentir que estás en un mundo paralelo, como si de pronto hubieras cumplido la fantasía de cruzar el límite del lienzo y entrar a vivir dentro de una pintura. Pero para mí lo más intenso fue pasar al espacio siguiente, todo a oscuras, y caminar a tientas hasta el fondo, donde estaba ese lavabo con una iluminación casi irreal. Parecía una escena extraída de un thriller. Y mientras uno se acerca, va descubriendo que la llave del lavabo está abierta y que el agua es también roja. Algo en esa experiencia me hizo recordar también una instalación de Bruce Nauman, que vi hace tiempo, cuando existía el museo de Televisa.
Probablemente la obra con más pretensiones de espectacularidad en toda la exposición sea Cruz del Sur: un minúsculo cubo de madera, iluminado cenitalmente en una esquina de una sala amplia y desolada. Sin embargo, el efecto visual no me resultó tan sorpresivo –tal vez porque ya me la habían descrito-, pero además, todos los planteamientos que se derivan de ese juego de escalas me parecieron bastante evidentes. Bueno, la obra es del año 70, así que su intención de revertir la experiencia de la percepción, amplificando las relaciones proporcionales entre el objeto y el espacio, pudieran ya no ser tan imprevisibles. De pronto parece haber adquirido un tono didáctico con esa manera de ilustrar que el objeto de la experiencia estética puede ser diminuto, casi invisible.
Y sin embargo, después de ver esa obra me resultó mucho más impactante la instalación Babel, por su desmesura, y su presencia imponente y monumental. Es una pieza que logra representar perfectamente la ilusión de un caos casi prehistórico, un caos mítico, que me pareció perfecto en su combinación de ruido y mutismo. Frente a esa instalación no queda más que hacer un silencio casi reverencial.

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