miércoles, 17 de diciembre de 2008

Arqueología de la servilleta y otros temas en el trabajo de Rodrigo Navarro

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Fotografiar una huella (o reproducir una ausencia, que es más o menos lo mismo) tiene algo de redundante y también tiene algo de absurdo. Redundante, porque se supone que la fotografía ya es la huella; absurdo porque se supone que la fotografía niega la ausencia. Ese gesto participa de otra contradicción: llama la atención sobre la fotografía a la vez que le resta protagonismo.
Las fotografías de servilletas usadas, que toma Rodrigo Navarro, son un buen ejemplo de esa contradicción. Porque, en principio, lo importante es cada servilleta, no su foto. El autor logra llamarnos la atención sobre esas servilletas como si fueran restos casi arqueológicos. Las manchas, los pliegues, las roturas, son huellas de una presencia, son resultados del uso y son extensiones de los cuerpos de individuos particulares. Son también señales de la condición social de esos objetos. Y son datos suficientes para reconstruir determinados hábitos sociales y, por supuesto, corporales. Son también formas. Y, en ese sentido, son objetos del lenguaje y de la imaginación. En consecuencia, incitan a una relación estética que se "instala" sobre sus posibilidades utilitarias.
Si quisiéramos buscar un ejemplo fácil de cómo se construye un texto, lo tendríamos ahí, en esos pedazos de papel, aparentemente inservibles, que, desde su inutilidad parecen clamar por una lectura, por una interpretación o por una decodificación. Y sin embargo, no podríamos entender todo el proceso de conversión de la servilleta en texto si no tuviéramos en cuenta su fotografía. Así que la servilleta es lo importante, pero solamente gracias a la foto. Asistimos aquí a una situación casi definitoria de nuestra relación con las fotografías: la foto y lo fotografiado se recodifican, se resignifican y se prestigian mutuamente. Casi me atrevería a decir que se indican mutuamente. Y ésa pudiera ser una manera más dinámica de comprender el concepto de índice, tal como se aplica al signo fotográfico.
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Por otra parte está la cuestión estética, que ya se insinuaba en el concepto de "forma" que usé hace un rato. Porque las servilletas también se nos revelan como objetos bellos. En principio, eso se relaciona con la intención de Rodrigo de que veamos cada servilleta como un "lienzo", y a cada uno de sus usuarios como "pintor", relacionando -tal vez sinuosamente- todo este proceso con algunas de las implicaciones que tiene el concepto de intervención o de acción dentro del arte contemporáneo, y proponiendo también nuevas aristas para nuestra percepción del azar en la construcción de lo estético
Pero la verdad es que esa belleza es también resultado de nuestra relación con las fotografías. O sea, es también indicada por las fotografías; en consecuencia, eso determina también que las fotografías se nos aparezcan como objetos bellos, lo cual me hace sentir que hay algo parasitario en la belleza, pero sobre todo, que la belleza de una foto depende de una transferencia afectiva entre el objeto fotográfico y el fotografiado.
Yo supongo que esa transferencia depende mucho de la identificación de lo fotografiado, puesto que, hasta ahora, considero la identificación como un "momento estético" en nuestra relación con las fotografías. Y eso no significa que no podamos sentir como bella una foto abstracta, por ejemplo, sino que su belleza probablemente es menos "fotográfica". Es un tema oportuno, ya que entre los proyectos recientes de Rodrigo Navarro se encuentra una serie de fotografías tomadas en habitaciones vacías, con un fuerte efecto de abstracción. La manera de presentación de esta obra incluye el uso de una habitación vacía dentro de la galería o museo, como si fuera una instalación a la inversa (una instalación en la que el espacio no es modificado por “la pieza”, sino por su ausencia). Esta obra parece estar basada en una especulación sobre el vacío, equivalente a la reflexión sobre la ausencia, implícita en las fotografías de las servilletas. Porque el vacío (y tal vez sería más exacto decir “lo vacío”) se nos presenta también como un ámbito contaminado por la sensación de una presencia previa. En ese sentido es algo que tiene que ver tanto con el tiempo (el antes y el después de la presencia) como con el espacio.
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Esos juegos temporales me hacen recordar la socorrida aseveración de Roland Barthes de que el noema de la fotografía es: esto ha sido. Es una de esas frases rotundas y bellas que ayudan a entender (en el fondo, con sencillez) problemas más complejos, al estilo de: ¿Por qué creemos en las fotografías? Pero, sobre todo: ¿Por qué nos afectan? Detrás del impacto que tienen las fotografías en nuestras vidas estaría esa certeza de la que nos proveen; la de que lo fotografiado fue. Hay una cuestión ahí con los tiempos verbales, porque pareciera que la fotografía nos lleva a interpretar el esto ha sido como esto es. Lo que ha sido comienza a ser otra vez en la fotografía. Entonces, si la fotografía está para certificar que algo ha sido, ello es posible sólo en la medida que negamos ese pasado: sabemos que ha sido porque sigue siendo, ahora en la foto.
No es mi manera de ver las fotos, lo confieso. Me gusta descubrir que detrás del hecho de que algo ha sido está la conciencia de que ese algo ya no es. O sea, la conciencia de una pérdida. Pero eso me coloca en un conflicto, porque lo cierto es que siempre necesitamos de esa falsa presencia que nos da la foto. Necesitamos de esa persistencia de las cosas y de la gente, sobre todo. Una persistencia que se afianza en la huella, en los rastros, en las evidencias. Y, por otra parte, también necesitamos tener conciencia de las ausencias, necesitamos lidiar con lo irrecuperable, pues la memoria se compone de esas dos certezas: la de que algo quedó en el pasado y la de que ese algo persiste en el presente.
En realidad Rodrigo Navarro no nos está diciendo nada nuevo sobre la fotografía, ni sobre el espacio (mucho menos sobre las servilletas). Pero ese aspecto no me parece relevante para el discurso crítico. Personalmente me conciernen más otras cuestiones: ¿Hacia dónde dirige la atención un artista joven cuando descubre la fotografía, el video o la instalación como herramientas conceptuales? ¿Qué condiciones del saber y de la práctica en la cultura artística contemporánea propician la recurrencia de determinadas estrategias discursivas? ¿Cómo está afectando eso la reconstrucción del lenguaje de la fotografía en el mundo de la cultura visual postmoderna?
Preguntas breves, pero suficientes para convocar a un pensamiento menos concentrado en la discursividad misma de la obra y más atento a las condiciones sociales en que se genera esa discursividad, con lo que tiene de referencia a un universo epistemológico complejo y contradictorio.

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