lunes, 20 de octubre de 2008

Aquí se vende la felicidad. La dimensión existencial del ícono en la obra de Pedro Meyer

aquí se vende la felicidad
Pedro Meyer. Aquí se vende la felicidad. Houston, 2006
1- Experiencia estética y cultura post-fotográfica
En la compilación que hizo Martin Lister, titulada La imagen fotográfica en la cultura digital, hay un ensayo de Kevin Robins que tiene como título una pregunta: ¿Nos seguirá conmoviendo una fotografía? La postura de Kevin Robins es clara. Después de exponer un estado de opinión bastante generalizado, que parece presagiar la “muerte de la fotografía”, el autor hace una crítica de la cultura digital o, más bien, de los discursos que asocian el desarrollo tecnológico con la idea de progreso, de una manera tan radical que implica lo que el propio Kevin Robins califica como “una falsa polarización entre el pasado y el futuro”, donde el pasado sería la fotografía y el futuro sería la cultura digital. Voy a permitirme citar una frase de Robins que resume su posición crítica en este debate:
El debate sobre la postfotografía se ha obsesionado con la “revolución digital” y por la forma en que esto está transformando los paradigmas epistemológicos de la visión. La preocupación predominante se centra en los aspectos teóricos y formales que se ocupan de la naturaleza y del estatus de las imágenes nuevas. Aunque resulte extraño, hoy en día parecemos sentir que la racionalización de la visión es más importante que las cosas que realmente nos afectan (amor, miedo, tristeza…)
Entonces ¿existen formas de proceder constructivamente contra lo digital (sin convertirnos en contrarrevolucionarios, por así decirlo)? Para mí, es una cuestión de que exista o no la posibilidad de introducir o reintroducir lo que podría llamarse simplemente dimensiones existenciales en una agenda que se ha convertido predominantemente en algo conceptual o racional…Se trata de nuestra capacidad de ser conmovidos por lo que vemos en las imágenes…
De una manera más simple yo quisiera aclarar que mi atracción por la tesis central de este ensayo no me impide detectar los matices que tiene este problema de la llamada “revolución digital”. Primero, entiendo que esa dimensión existencial, de la que habla el prestigioso académico británico, corresponde a (además de ser el contexto de) la experiencia estética de la que forma parte nuestra relación con las representaciones figurativas. Lo que él llama nuestra capacidad para ser conmovidos por lo que vemos en las imágenes, no es más que nuestra capacidad para relacionarnos estéticamente con el mundo. Volveré sobre ese punto porque sí creo que ése es justamente el punto que ha sido desatendido en el debate sobre el impacto de la cultura digital en nuestras vidas.
Pero si me molesta que ese punto sea desatendido es precisamente porque también creo que la cultura digital puede transformar –y, de hecho, transforma- los modos en que vivimos, racionalizamos y comunicamos nuestras experiencias estéticas. Y aquí ya no estoy hablando solamente de cultura digital, estoy hablando de la cultura en un contexto donde los medios de comunicación masiva parecen poseer una especie de hegemonía. Porque creo que si hay una “revolución visual” no es en el contexto aislado y aséptico del desarrollo tecnológico. Es en un contexto contaminado, interesado e incluso politizado, donde rigen técnicas de comunicación y persuasión colectiva dirigidas a estandarizar nuestra percepción del mundo, nuestro conocimiento, nuestros juicios y también nuestros gustos y nuestro universo estético. Esa estandarización tiene mucho de anestesia.
Y aquí es donde vuelvo sobre la cuestión de la dimensión existencial. Yo creo que en esa dimensión existencial se reivindica al individuo frente a los procesos de estandarización propios de la sociedad de masas. Y en esa dimensión existencial se reivindica también la dimensión estética de nuestra existencia, en la cual –y es solamente una hipótesis- podemos localizar muchos de los referentes de nuestra propia experiencia de libertad.
¿Qué conclusión derivo de estas especulaciones? Que la obra de Pedro Meyer merece un análisis que tenga en cuenta esa dimensión existencial y ese universo afectivo del que surge y al que se refiere. Porque, de hecho, la manera en que nos relacionamos con esa obra no puede ser ajena a esos aspectos. Y porque, además, esa es la condición que sigue marcando nuestra relación con cualquier objeto estético.
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Pedro Meyer. Cementerio chino. La Habana, 1979
Mi suposición de que cualquier experiencia estética –al menos en al campo de la cultura visual- involucra lo erótico, lo mágico, lo misterioso, lo ilusorio e, incluso, una intuición de lo sagrado- se ha reforzado mirando y relacionándome con la obra de Pedro Meyer. Mi sospecha de que, en el caso de la fotografía, esos referentes se refuerzan en una experiencia que involucra el goce ante la semejanza (o ante la sutil presencia del doble), tanto como el consumo estético de la pérdida o la desaparición del original (lo cual involucra también una particular vivencia del tiempo y el espacio) también se ha reforzado en mi relación con la obra de Pedro Meyer. Y mi convicción de que todos estos aspectos afectan y condicionan nuestra relación con el documento fotográfico, igualmente se ve reforzada a partir de mi contacto con la obra de Pedro Meyer.
En consecuencia, creo que una obra que ha sido tan discutida desde el pretexto de su origen técnico (lo cual me recuerdo que la fotografía analógica fue discutida de igual manera en sus orígenes) alcanza mayor plenitud y mayor efectividad como objeto estético cuando es aceptada precisamente como objeto estético y no como “momento” técnico. Eso implica desplazar los ejes teóricos de la discusión, pero, sobre todo, implica desplazarnos desde el espacio de la discusión teórica hacia el espacio del goce.

Texto completo, formato PDF

2 comentarios:

DDLM's. dijo...

it's not sotheby's, it's DDLM's:

http://mx.youtube.com/watch?v=ByMXvaeAt38

best regards, DDLM's.

Juan Antonio Molina dijo...

Es un texto interesante el de tu blog. Ojalá lo sigas manteniendo. Todavía parece tener demasiada literatura, pero se entiende lo importante. Es una lástima que no puedan dejarse comentarios.
De todas formas, gracias
J. A.