lunes, 27 de octubre de 2008

Apuntes de a-teología

Dios no existe. Yo existo. Si voy a creer que hay una bondad que me rebasa, que es eterna e inconmensurable, que está más allá de la razón y de la representación, entonces debo aceptar que "eso" no ha sido creado, no es modificable y no tiene principio ni fin, o sea, no transcurre desde un momento de nacimiento hacia un momento de muerte. O sea, no existe.

Y, sin embargo, mi idea de Dios nace en mí mismo y morirá conmigo. Eso no me lleva a repetir cursilerías al estilo de "Dios existe en cada uno de nosotros" (aunque lo cierto es que puedo reconocer en mí una parte de esa bondad). Pero la idea de Dios (o tal vez deba decir, el "sentimiento" de Dios) surge en mí más bien cuando enfrento mis propios límites.

Mis propios límites son los límites de cualquier ser humano. Tal vez de ahí proviene el deseo de pensar a Dios como algo universal. Por lo menos así podría justificarse lo que hay de recurrente y predecible en nuestra relación con el mundo.

Pero mi manera particular (probablemente única e irrepetible) de enfrentar mis límites es lo que condiciona, modifica y define mi "personalidad". Si la idea de Dios surge como referencia a esos límites, entonces surge como referencia a mí mismo y a lo que tengo de impredecible.

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Cuando te recomendé el Tratado de ateología de Onfray me comentaste la importancia que tiene para ti la creencia en Dios y me dijiste que no ibas a introducir ninguna fisura en esa creencia, por el sólo hecho de que lo propusiera un pichón de filósofo postmoderno (o algo por el estilo).

Este libro de Onfray no me gusta tanto como su Teoría del cuerpo enamorado o los primeros volúmenes de su Contrahistoria de la filosofía. Es mucho más "plano" y tiene el carácter monótono y obsesivo de la mayoría de las diatribas. Me incomoda especialmente su apología de la razón occidental. Me parece una incongruencia dentro del discurso de alguien que ha sabido hacer una poética del escepticismo y que pretende hacer una política del escepticismo. Finalmente se ha hecho tanto "desmadre" en nombre de la razón como en nombre de Dios. Onfray habla de las "luces" y se le olvida la guillotina. Y la "condición postmoderna" en la que vivo me hace dudar de ambas opciones.

Y es que, en mi caso, el escepticismo, si bien razonado, no es estrictamente "racional". Por ejemplo, no tengo ningún problema en aceptar que un tipo sea crucificado y "resucite" al tercer día. O que otro se vuelva invisible para burlar a sus perseguidores. O que toda una tropa se encierre dentro de un caballo de madera. O que alguien suba a una montaña y escuche voces (yo, en su lugar, seguramente las escucharía también). En fin, que no cuestiono los mitos, porque eso volvería demasiado vulgar y prosaico mi paso por este mundo. La única acotación que pongo es que si alguien resucita al tercer día (o rompe el record mundial de salto alto), eso atañe estrictamente a su relación con sus propios límites, lo cual no tiene que modificar mi relación con los míos.

Por eso te decía hace tiempo que solamente cuando aprendí a reconocer mi religiosidad fui capaz de comprender que Dios no existe. Necesité aceptarme como un hombre religioso para poder aceptarme como un ateo. Porque al final de la jornada, de lo que se trata es de mí mismo. Creo que cuando llegue al final de mi vida, si tengo tiempo para cuestionar algo, me cuestionaré a mí mismo, no al campeón de salto alto. Él seguirá saltando, pero el que se está muriendo soy yo, y ése es mi pedo (por cierto, en esos casos, la confesión católica adquiriría cierta utilidad, si no se asociara con el chantaje y el comercio de la culpa. Difícil, ¿verdad?

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Y, a propósito de diatribas, comencé a leer La puta de Babilonia, de Fernando Vallejo. Por primera vez pude apreciar la importancia que tiene la diatriba en su obra, pero como "figura" literaria. Es decir, antes me dejaba involucrar en esa manera desmesurada que tiene F. Vallejo de expresar su relación afectiva con el mundo. Ahora siento que esa desmesura no debe ser tomada muy al pie de la letra.

Sin embargo, te confieso que más allá de la ficción literaria (o sea, más allá del estilo) estoy disfrutando mucho ese libro, porque en el fondo me gustan las diatribas (y no sé por qué, cuando pienso en ese tema, recuerdo Antes que anochezca, de Reynaldo Arenas). El caso es que tanto de F. Vallejo como de Onfray me gusta la onda subversiva, la crítica (o el ataque) a la institución religiosa, más que a la religión. Una diatriba contra Dios no tendría sentido, sería una reacción casi "cristiana". Pero las Iglesias, como instituciones, sí se merecen que les pateen el culo de vez en cuando.

Y eso es válido lo mismo para un Papa que para un par de babalawos que conozco. Lo cual me lleva de nuevo a la pregunta que me hiciste hace tiempo: ¿Por qué me hice Santo? Pero, por lo visto, la respuesta seguirá esperando por otro artículo...

5 comentarios:

conejoaureo.com dijo...

Curiosa sensación me asaltó cuando leí la frase "dios no existe". Si analizo la frase hay una especie de tiempo pasado en la aceptación de existencia; es decir para poder decir que tal cosa no existe es necesario primero saber de qué cosa se esta negando la existencia.
Saludos y tu blog es fantástico.

Juan Antonio Molina dijo...

Gracias por el comentario. Lo interesante es precisamente que esa frase anula todo el resto del texto y su pretensión de racionalidad. Supongo que es lo que pasa siempre que enfrentamos algo que está más allá del lenguaje.
Juan Antonio

M. Aideé García dijo...

Juan: buscando la clase sobre apreciación fotográfica, que no hallé, me encontré con tu El Mariel, me conmovió profundamente. No sé si era la intención, pero me hace reflexionar sobre la importancia de la fotografía más allá de la construcción de la historia cultural; llevándonos más hacia la construcción de nuestra propia historia, la personal. Insisto: me conmovió profundamente. Saludos

Juan Antonio Molina dijo...

Gracias Aidée. Ésa es precisamente la intención. Hay un par de textos que te pueden dar una idea más completa de cómo estoy trabajando esos temas. Aquí en el blog puedes ver mi ensayo Ilusión y documento (por una lectura débil de la fotografía)y también un breve artículo sobre la obra de Maru de la Garza: La memoria se resuelve en la carne.
Saludos
Juan

Anonymous dijo...

Imagino que no existe ahora o quizas como dice Yourcenar hubo un tiempo en que los hombres estuvieron solos, o mejor aùn es mejor solo que mal acompañado, en fin, que bien educados fuimos que solo dejamos en nuestro universo el espacio suficiente para respirar sin compañia. Un abrazo
que bien poder recuperar con tus letanias y desde la distancia tanta noche de tertulia habanera. Gerardo