martes, 16 de septiembre de 2008

Buena memoria. Una conversación con Ricardo Cuevas, una exposición de Vik Muniz y una alusión a Pedro Meyer

El proyecto más reciente de Ricardo Cuevas, sostiene la hipótesis, ya generalizada, de que¨el índice es el tipo de signo más cercano a la naturaleza fotográfica". Hace unos días, intercambiando ideas sobre ese tema, yo le comentaba que ya no me siento muy convencido al respecto. _Ya no creo en una "naturaleza fotográfica"_ le decía en un mensaje de email. Ahora, para más precisión, debo decir que tampoco creo que pueda pensarse en una tipología de signos sin estar dispuestos a aceptar que cada tipo es uno y los demás al mismo tiempo.
No hay que interpretar a Peirce como si los íconos anduvieran por un lado, los índices por otro y los símbolos más allá. No hay nada que me haga dudar del carácter icónico del signo fotográfico, ni de las peculiares relaciones simbólicas que condicionan nuestra relación con la fotografía. Como tampoco hay algo que me haga dudar del sustrato "indicativo" de cualquier signo gráfico (porque indica, pero también porque es indicado).
Ricardo Cuevas está poniendo mucho énfasis en esas cuestiones, sobre todo tratando de hacer más evidente la importancia que tiene el dibujo dentro de su obra o la relación entre el dibujo y la fotografía. Se hace eco de la idea de Plinio de que el dibujo nace más como huella que como copia, y sugiere que el signo hereda una "inteligencia" del objeto que lo produce.
Mirando la exposición de Vik Muniz en el colegio de San Ildefonso, empecé a pensar que lo que el signo hereda como "inteligencia" lo hereda también como memoria. El dibujo es lo que queda del lápiz cuando no está. Es su recuerdo. El parecido del dibujo con cualquier objeto no es una cualidad del signo, sino el resultado de una relación "técnica" entre la memoria del dibujante y el dispositivo que utiliza para dibujar. Esa distancia técnica fue la que vino a estandarizar la fotografía, porque ahí el dispositivo es también el recipiente de la memoria (puesto que la foto es lo que queda de un momento de la realidad cuando ya no está). El dibujante trata de que la mano y el lápiz sean fieles al recuerdo; el fotógrafo trata de que la cámara (y el ojo) sean fieles a sí mismos.
Pedro Meyer tituló un álbum de fotos en su facebook como "Yo ya no hago fotos con mi cámara, sino con mi memoria". Tendré que preguntarle qué quiere decir exactamente con eso, aunque de momento mi primera reacción es asociarlo a su gusto por el montaje, la cita, la apropiación, los procedimientos de "cortar y pegar", que hacen que cada foto responda a la memoria del autor. Ya no se trata de recordar la realidad a través del relato que nos hace la foto, sino de construir la foto a partir del recuerdo de la realidad. En consecuencia, la foto solamente relata el recuerdo de lo real. Por lo demás, con tantas yuxtaposiciones, la foto construye su propia memoria, que está llena de otras fotos.
Hay una distancia entre este mundo posible (una foto con muchas otras en su "memoria") y el que nos sugería Pedro Meyer cuando tituló una de sus mejores obras como "Fotografío para recordar". Entonces parecía atenerse a la lógica que usualmente sigue nuestra relación con el dispositivo fotográfico. Ahora parece querer invertir esa lógica, como si ya en la memoria de su cámara digital no quedara lugar para la nostalgia...

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