lunes, 25 de agosto de 2008

Maru de la Garza: la memoria se resuelve en la carne

La carne piensa, el cuerpo reflexiona, la materia elabora, los átomos razonan. y estos procesos complejos se desarrollan en la envoltura de un ser reductible a su nombre.

Michel Onfray

La obra de Maru de la Garza aborda simultáneamente varios de los tópicos del arte contemporáneo; a saber: la relación entre lo público y lo privado, la representación del arte como terapia y la representación de una identidad que se configura como pluralidad, como reconstrucción del yo en la vivencia del otro.

En las condiciones de la cultura contemporánea, la relación entre lo público y lo privado ya está siendo cuestionada -con un sesgo marcado por los discursos del psicoanálisis y el post-estructuralismo- como una relación entre la memoria y el secreto. La reformulación de este tema se deriva también de los nuevos espacios abiertos por el Internet, para la circulación de la información. Los expertos en el tema hablan de un "pasaje del secreto basado en el soporte biológico del cuerpo y la psique al soporte digital como son el laptop y el celular." (véase http://www.capurro.de/secreto.html)

En el caso de Maru de la Garza lo secreto adquiere una paradójica condición, en tanto no se refiere a algo protegido en un territorio íntimo, sino a algo olvidado. El secreto entonces tiene que ver más con la pérdida que con la prohibición. Pudiera decirse que la información se ha vuelto (absolutamente) secreta en la medida en que se ha vuelto irrecuperable.

En tal sentido, la memoria parece inasible lo mismo para el cuerpo que para el aparato. La obra de Maru de la Garza resuelve ese conflicto siempre en términos de representación. Es decir, es una obra que relata el vínculo entre la memoria y la carne, tanto como imagina la supresión del secreto por la publicación -tecnología mediante- del discurso. Creo que lo que aparece como performance en algunos de sus trabajos es básicamente un intento de restablecer el equilibrio entre el cuerpo y la tecnología como herramientas -silenciosas- para la construcción del discurso.

La piel de la memoria, un video-performance-instalación que la autora realizó en 2007, es probablemente el tipo de obra que mejor resume esa situación. La propia artista aparece ahí "habitando" una especie de celda, amueblada con una cama, una mesa y un sillón y restringida por dos paredes de espejos. La cámara permanece fija desde el ángulo superior, como un mecanismo panóptico que se complementa con los espejos.

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Maru de la Garza. La piel de la memoria (still del video). 2007

En esta instalación, la función del arte como terapia tiene como derivación interesante la puesta en escena del espacio clínico como espacio de la experiencia estética, donde lo estético amplifica y subvierte un contexto de vigilancia, control, represión y enajenación.

Además de aludir a un esquema de vigilancia, los espejos sirven para crear ese efecto de desdoblamiento que tan significativo resulta en la mayoría de las obras de Maru de la Garza. Desdoblamiento que en esta pieza en particular remite también a una experiencia esquizofrénica, tanto del espacio como del sujeto.

El espejo es el detonador para una acción llena de implicaciones y derivaciones discursivas. En cierto momento Maru de la Garza saca una cámara polaroid y comienza a fotografiar su propio reflejo. Va colocando consecutivamente cada foto en el espejo, de modo que la segunda foto reproduce, no sólo su imagen (como fotógrafa y como fotografiada), sino también la fotografía que le antecedió, y así sucesivamente. Maru construye así una secuencia tautológica, donde su cuerpo se refiere a sí mismo, tanto como la imagen fotográfica se refiere solamente a la fotografía. Es un procedimiento similar al que siguió Michael Snow para hacer la obra Authorization, en 1969. Si de aquella obra habló Phillipe Dubois como de un "dispositivo" que exhibía lo fotográfico, de ésta podemos hablar como de un dispositivo que niega y subvierte lo fotográfico. En ese sentido, no es insignificante que Maru haya usado para sus tomas una película ya vencida, de manera que las fotos resultantes (probablemente las mismas que componen su serie Recuerdos, de 2007) están casi totalmente oscurecidas, manchadas y "corrompidas".

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Maru de la Garza. Recuerdos (detalle). Polaroid. 2007

Yo encuentro analogías entre la doble situación de mutismo y exhibicionismo discursivo que reconstruye este video, y la doble (y también paradójica) situación de invisibilidad y exposición al espejo y la cámara (ambos, dispositivos de la identificación) que reconstruye la serie de fotos. Pero también encuentro conexiones con el hecho de que recientemente, Maru de la Garza haya acudido a los desechos del estudio fotográfico para construir alguna de sus instalaciones. Tanto la foto inservible como el residuo fotográfico se constituyen en metáforas de lo irrecuperable. El signo, en esas condiciones, tiene algo de disfuncional, y su desciframiento no conduce a otra revelación (incluso en términos fotográficos) que la de su propia imposibilidad.

He dicho que la memoria se resuelve en la carne, pero analizando las obras de Maru de la Garza me veo obligado a acotar: ¿la memoria de quién? Porque lo cierto es que uno de los ejes fundamentales de su trabajo consiste en la búsqueda de un complemento en el discurso ajeno para su propio discurso. Eso es lo que da relevancia en su obra a la búsqueda constante del testimonio, y es lo que hace que lo documental sea, más que una cualidad, un método para lograr esos efectos de sustitución y complementariedad de diversos sujetos, en los que se basa recurrentemente su trabajo. En este contexto no puedo conformarme con la idea de "un ser reductible a su nombre", como el que imagina Michel Onfray en su análisis del epicureismo. La obra de Maru de la Garza parece estar jugando con la posibilidad de que su cuerpo (y, en consecuencia, su memoria) responda a nombres diferentes (Raúl y yo, 2003-2004, es ya una experiencia suficientemente ilustrativa al respecto).

Lo que tiene esto de "anormal" es también lo que tiene de eminentemente estético. Si mi memoria se resuelve en mi carne es por medio de una experiencia estética, en la que sumo al goce de descubrirme como yo mismo, el placer insuperable de descubrirme como el "destino" de otro.

Mi cuerpo abierto a otros nombres y a otros secretos...

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