miércoles, 18 de junio de 2008

Por una guerrilla semiológica (sobre una foto de Marcos López)

fidelenlasierramaestra94
Marcos López. En el jardín botánico. 1993

Me gusta asociar el trabajo de Marcos López con el concepto de “guerrilla semiológica” que Umberto Eco desarrolló en algunos de sus textos. Primero, porque entiendo la guerrilla como resumen de la subversión, del clandestinaje y de la oposición enmascarada a un sistema. Segundo, porque quiero pensar que en este caso, el “sistema” es precisamente un sistema semiótico, que funciona como coartada para la persistencia de una política de la interpretación (o una politización de la interpretación) en el contexto de los medios de comunicación y la cultura simbólica contemporánea.
Lo que hace Marcos López es dinamitar subrepticiamente el universo de significados que constituye esa cultura simbólica. Y lo hace muchas veces mediante la profanación de los íconos de que nos provee esa cultura simbólica para ritualizar nuestro culto al consumo ( o el consumo como culto y como “cultura”), nuestro culto a la verdad, nuestro culto a la realidad y nuestro culto a la historia. Incluso, me atrevería a decir que con esto también se profanan los iconos en los que basamos nuestro culto al arte, pero para ello tendría que dedicar mucho tiempo y espacio a demostrar que ese culto al “arte” está en el mismo paquete que nuestro culto al consumo y nuestro culto a la cultura, aunque suene redundante.
La foto En el jardín botánico es emblemática de lo que aquí califico como “guerrilla semiológica”. La guerrilla forma parte del imaginario latinoamericano, así que no es raro que una gran parte de la reproducción de ese imaginario por los medios haya estado dedicada a la figura del guerrillero. Hay toda una producción fotográfica concentrada en ese tema. Como hay toda una tendencia de la guerrilla contemporánea a exhibirse para los medios. En la actualidad, la guerrilla parece jugar tanto su rol de estructura clandestina, como el de estructura pública, mediatizada y multiplicada por los medios. Tal vez el mejor ejemplo de ello sea la estrategia mediática de otro Marcos (el “subcomandante”) quien desarrolla también una guerrilla semiológica, que aspira a subvertir los discursos generados por las figuras del poder estatal, empresarial y partidista en México.
Entre cursi y populista, entre sentimental y post-estructuralista (“entre Marx y una mujer desnuda”, digo, para mantenerme a tono con su propio lenguaje) el Subcomandante Marcos ha estado haciendo durante más de 10 años una especie de “poética guerrillera” o, tal vez sea más exacto decir que ha estado haciendo de la guerrilla una experiencia estética alternativa. Con esto, el líder guerrillero ha socavado la imagen tradicional de la guerrilla latinoamericana. Y si le he dedicado tanto espacio en este texto es porque creo que parte de la obra de Marcos López contribuye desde otra perspectiva también a debilitar ese imaginario, tanto como el imaginario de “lo latinoamericano” e incluso de la”fotografía latinoamericana”.
En tales condiciones, el líder guerrillero que sale de un escenario artificial, luciendo todos los atributos postizos, todo ese derroche de plástico barroquismo; tanta indefensión, tanto adorno y tanta caricatura, hacen sentir como ridícula y reaccionaria, lo que antes fue una visión “romántica” de América Latina.

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