martes, 2 de octubre de 2007

Emplazamientos y desplazamientos


Una y tres sillas
En 1972 la revista Avalanche hizo una entrevista a Hans Peter Feldman, en la que éste respondía con fotografías a las preguntas. Cuando le preguntaron cómo definiría a la escultura, Feldman respondió con la foto de una silla.
Que en esa época alguien escogiera a la fotografía para sustituir a las palabras, implicaba algo más complejo que lo sugerido por el famoso slogan de Life: “Una imagen vale más que mil palabras”. Aun cuando, evidentemente, del hecho se desprende una apropiación irónica de esa sobrevaloración de la fotografía en los medios de masas, lo que parece ilustrar más fehacientemente es el nuevo valor que adquiere la fotografía desde la época del conceptualismo, como instrumento de diálogo con la cultura y con el arte mismo. Como soporte de ideologías. Como objeto subversivo, provocativo, contestatario en última instancia.
En realidad Feldman no respondía a las preguntas, sino que las contestaba. Es decir, cada respuesta era una manera de anular la pregunta, de imponerse a ella. O, al menos, de contraponerse. Así se contraponía la foto a la palabra.
En Una y tres sillas, de Kosuth, vemos resumida esa contraposición entre la fotografía y la palabra, con la presencia añadida de la cosa fotografiada. Más allá de lo tautológico que puede sugerir tanta redundancia, la fotografía y el texto parecen estar pugnando, cada uno desde su propia naturaleza, para sustituir a la cosa. La foto de la silla se presenta a sí misma como sustituta de la silla. El texto, en tanto definición, también insiste en sustituir y desplazar. El texto y la foto parecen negarse mutuamente (pese a la presencia de la definición, la foto parece buscar un referente único, mientras que el texto se afianza en la pretensión de universalidad del concepto). Ambos coinciden en la fuerza con que pretenden anular a la cosa.
Pero la silla se impone desde su tridimensionalidad, que todavía parece sinónimo de realidad, de naturalidad. De hecho, la silla se propone como referente de la foto y del texto, como si ambos tendieran a ella, como si fueran incompletos sin ella. Como si su bidimensionalidad conllevara una especie de frustración, de insuficiencia. La relación entre lo tridimensional y lo bidimensional traduce la relación entre la cosa, su reproducción y su concepto. Es decir, tres realidades diferentes de un mismo objeto. Tres variantes perceptivas y epistemológicas en el camino hacia la revelación de la imagen.
Cuando Feldman propone la foto de una silla como definición de la escultura, está recuperando, desde ese gesto, la obra de Kosuth, de 1965. Pero sobre todo está recuperando y proponiendo ya como parte de la tradición del discurso conceptualista, esa relación tensa entre lo bidimensional y lo tridimensional; esa polémica redefinición de la relación entre los objetos y el espacio. Y ese planteamiento triangular del objeto artístico: como cosa, como reproducción y como concepto. Y al final queda la duda: ¿La foto de la silla es la foto de una escultura con forma de silla? ¿El hecho de haber sido fotografiada y representada en lugar de la definición de escultura, convierte a la silla en una escultura? ¿Es la foto la escultura?
continuará...

1 comentario:

Rosana dijo...

Esto me recuerda al trabajo de los Becher, las fotografías de arquitectura industrial que recibieron el premio de escultura en la Bienal de Venecia